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Visita al medio natural: Tarifa

Publicado el 3/10/2007 a las 09:23 en Naturaleza
 La historia que ahora comienza tuvo lugar durante el mes de Agosto del año 1989, donde una familia partió de Sevilla para llegar al camping Paloma.
Para llegar hasta allí, tomaron la autopista hacia Cádiz y al llegar a la altura de Jerez se tuvieron que pasar media hora para encontrar la desviación entre autopista de peaje y NIV. Un par de sustos por sendos ruidos extraños en los bajos del coche a la altura de la oreja izquierda del conductor; más tarde éste cayó en la cuenta que era el tubo de escape que necesitaba pasar por el taller y con el peso de la carga daba en el suelo ante badenes pronunciados. Como era de temer, lo único bueno del camping, era su proximidad a la playa. Por las inmediaciones se pueden ver a los soldaditos españoles mochila al hombro, no el balde estamos en plena zona militar según rezan los carteles. Un ciudadano alemán, el mismo de hace años, continúa al frente del negocio y hoy como entonces se quedó con mi DNI por aquello de la desconfianza. Desagradable resulta el hecho de las restricciones de agua y entre las 3 y las 5 y ½ todo el mundo se queda sin la ansiada ducha y han de esperar a después del almuerzo para refrescarse en la playa de Valdevaqueros paraíso delos winsurfistas a juzgar por el gran número de ellos que ponen la nota pintoresca en el lugar. Su primer aposento en la arena lo habrían de modificar posteriormente dado que el viento reinante disparaba dardos finísimos que ni la familiar sombrilla podía con ellos. Permanecieron delante un una monumental duna artificial hasta que la ensenada fue despoblándose delos veloces  univeleros multicolores.
 
Hay abejarucos. Fue detestada su presencia por su inconfundible cuí-cuí en vuelo y en el día de hoy más tranquilo, se les vio planear sobre los árboles que bordean la zona de acampada. Cerca de allí, Bolonia con las ruinas de Claudio Coelo y esa vista preciosa de enorme concha azul y blanco que tan hermosa se ve sobre todo en los días que no sopla el levante. Un breve baño en estas transparentes aguas, dejan la piel tan relajada que rápidamente olvida la intención de permanecer tendido a pleno sol. Los extranjeros – esa legión amplia y diversa – ilustran a los aficionados al aire libre con toda una extensa gama de furgonetas, coches, furgones repletos de todo lo imprescindible para practicar su deporte favorito en esta zona donde los vientos son tan agradecidos.
También hay gorriones -¡como no! -. A primeras horas de la mañana se les puede ver a través de la transparencia plastificada de la tienda de campaña, donde picotean en lo alto de la mesa playera como si de comensales mañaneros se tratasen.
 
En el puerto de la cercana Algeciras se respira aire africano. La ciudad en sí parece populosa, teniendo una playa desde la que se contempla La Línea y El Peñón – coquetas -, pero con las silueta amenazante de una gran industria que inevitablemente hace pensar en ese otro de Huelva. ¡Cuánto humo!. Para compensar volvemos a desplazarnos a Valdevaqueros; la enormidad de la playa convierte en monumental piscina a las remansadas aguas, que cristalinas invitan al baño continuo, pero que al tratarse de aguas frías le hacen a más de uno reducir el tiempo de estancia en su seno.
Al otro lado de la ensenada se puede llegar por la playa, saboreando todo lo seleccionado por las pupilas, nos encontramos en medio de una mezcolanza de playa nudista, culos negros, blancos, sonrosados y... los habituales del lugar que impregnan su cuerpo con una especie de ceniza por aquello de los pueblos primitivos. Toda esa costa se puede recorrer en una buena caminata senderista, uniendo de esta manera la ensenada de Bolonia con la zona de Punta Paloma.
 
Termina este relato en la ciudad que da nombre a toda esta zona: Tarifa. Con la colaboración de un amigo, nacido en este lugar, conocemos su historia, sus costumbres, sus gentes. El castillo, sus murallas, Guzmán El Bueno, los dos puertos, las distintas puertas, la catedral, la isla, los pescadores, los ganaderos, la ermita, los militares, los voladores, el turismo, los veinte mil habitantes en descenso, el levante, los tordos, los milanos, las gaviotas, el paseo marítimo inconcluso, los almacenes Trujillo. Allí quedó todo hasta la próxima ocasión en que tuviésemos ocasión de volver por estos parajes.
JOSÉ RODRÍGUEZ INFANTE

Comentario sin título

Publicado el 3/10/2007 a las 14:39 por IssisGabriel
Uf, no entiendo cómo no te han publicado nada, casi he viajado contigo... Enhorabuena por saber plasmar tan bien al papel lo que piensas, lo que ves, lo que sientes... es una delicia leerte.

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