No quiero lanzar al mundo
No quiero lanzar al mundo
pasquines de besos perdidos.
A pesar de que el mercurio
ha abierto hueco en el termómetro
mis cabellos de ceniza
conversan con el aire de la noche.
No quiero profanar intimidades
con caricias que un día fueron.
Mármoles blancos sostienen
miembros carcomidos de impaciencia,
defenestrados
aburridos de flexionarse.
No quiero seguir el sendero
circular, caer en la triangulación
o dejar a mi dedo anular
sumido en la desesperanza.
Quiero
ser una voz mientras
haya un oído cercano,
un músculo que rompa fibras,
una lengua inarticulada,
unos ojos que no resistan
el fuego.
Quiero ser hierro candente,
celebrar el impacto del martillo
en la fragua de los besos
y levantar mi copa floreada
por la victoria
del último romántico.
Para los que creemos en la vida como función social, nos duele la herida rusa. No se acierta a comprender como se ha llegado a la luna y ahora no hay forma de ponerse de acuerdo en lo cotidiano. Tampoco se entienden las multas por exceso de productividad, con el hambre que sigue teniendo el Sur. Si Bécquer levantara la cabeza—o le contaran– que alguien con su mismo nombre y apellido se dedica a eso del atletismo..¡que paradójico es el mundo!. Nunca se me ocurrió pensarlo pero estoy llegando a convencerme que la gente de pueblo son de polaridad distinta. La lluvia inesperada tiene siempre la ventaja de poderte guarecer en un paraguas en el que hay que estrecharse. Hoy no es domingo.
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JOSÉ RODRÍGUEZ INFANTE
Comentario sin título
Publicado el 22/11/2007 a las 16:14 por AnonymousQue hermosa canción, se pasó, de verdad. No quería que terminara. Y así también es la vida. Hay cosas que son y son simplemente. Millones de lazos que se cruzan, que se cortan, que se repitan allá, acá, antes y despues. Y todo tiende a un fin, tristemente.
Un abrazo.


