Camino del Rocío
Publicado el 24/01/2008 a las 08:54 en Naturaleza
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CAMINO DEL ROCÍO
Consejos para una buena ruta
1ª Jornada
Partiendo como es aconsejable desde la Dehesa de Abajo, podemos comenzar por hacernos una idea de que nos encontramos en la puerta trasera de una de las colonias más importantes de toda Andalucía de cigüeña blanca. Este mismo paraje, cuando las circunstancias acuosas lo permiten, se convierte en una gran laguna que alberga una diversa avifauna, destacando sobre todo la colonia de flamencos, que aquí suelen venir a pasar unos días. La ruta comienza cargándonos con la mochila a la que previamente habremos aligerado de peso en el “holl” de nuestra casa. Nada más comenzar a andar tendremos que afrontar la primera cuestecilla para que los hombros se vayan haciendo a la idea de lo que espera en las próximas horas. Desde el primer momento conviene seguir siempre el camino más transitado; al principio caminaremos por una amplia pista rodeada de árboles donde predomina el pino piñonero, aunque no se descarta la aparición de algunas encinas y eucaliptos. Pisaremos terrenos arcillosos con arena en determinados tramos, por no empezar ya a dar la carga con el barro del camino.
Los milanos, urracas y petirrojos vigilarán nuestros pasos, al tiempo que desistiremos de utilizar los prismáticos porque bastante tenemos ya con tener las manos ocupadas sujetando parte de la carga, que no veas lo que pesa.
En un cruce de caminos amplio, con unos contendores de basuras próximos y unos arbustos enormes en mitad de trayecto, cogeremos por el camino de en medio (no es de coña) y el paisaje cambia en cierto sentido porque sentiremos más próxima la vegetación, puede que hasta algún conejo de campo haya distraído nuestro caminar, nos acercaremos a un merendero que puede servirnos para descansar, pero habremos de continuar con las primeras rozaduras de la mochila y dolores de espalda. Un trago de agua, unos frutos secos y un buen chiste de cualquiera a propósito de los pinos, harán más liviana la carga hasta tal punto que pronto llegaremos a otro merendero lleno de marcas de algunas hermandades rocieras. Si nos encontramos a un paisano que no sea mudo, conviene preguntarle por la buena dirección del camino, no vayamos a liarla, pero de cualquier forma no haya que tirar para Aznalcazar ni para Villamanrique, en buena lid nos debemos encontrar en una bajada de terreno buscando una especie de cauce acuoso y con escasa arboleda en los alrededores. A partir de ahí el paisaje se abre, el camino continúa siendo cómodo y comienza uno a cuestionarse si no habrá echado más peso de la cuenta en la mochilita de los demonios.
Una finca de árboles frutales (posiblemente naranjas) y con vigilancia privada, habremos de dejar a nuestra izquierda para llegar encajonadamente hasta un cortijo donde podremos, si nos lo permiten, reponer nuestras cantimploras, o tal vez resguardamos del aguacero maldito, que nos tiene comida la moral.
A dos pasos tendremos el templete de la Virgen del Rocío en el mítico Vado del Quema; fotografías para inmortalizar el momento y cámara de video – si ello fuera posible -, para cruzar el recuperado Guadiamar, que se debe hacer a la derecha del templete, en donde existe un puente sobre el cauce del río para poder llegar a la otra orilla. Continuando por el camino más transitado, llegaremos a la pista de albero que tomaremos hacia la izquierda y a unos cien o doscientos metros nos desviaremos a la derecha para tomar un senderillo entre pinos dispersos y matorral bajo. En este momento es cuando hay que abrir los ojos porque no debe andar muy lejos la zona de acampada, que quedará a nuestra izquierda, según el sentido de la marcha y que se ha de identificar por tal vez queden marcas en los pinos de las hermandades entre las que se debe hallar la de Canarias.
Si se puede acampar ¡Adelante!...y si no, siempre habrá algún teléfono de un amigo que os echará una mano.
2ª Jornada
Despertar en un sitio así a las siete de la mañana es de las muchas cosas por las que merece la pena el esfuerzo. Algún ruido de motor, trino de pajarillos o ronquidos matutinos, son un buen despertador en estas circunstancias. Villamanrique de la Condesa nos espera con los brazos abiertos, al cual habremos de llegar con el Sol a nuestras espaldas ( si es que hay). Sin entrar en la población, buscaremos el polideportivo de nuestras penas, tomar café en la venta y acomodar la carga a las mismas heridas del día anterior por aquello de la costumbre. Tomaremos por el sendero arenoso para llegar a un puentecillo cutre que da pie a una amplia pista de albero. El camino nos juega una mala pasada porque se inclina inesperadamente hacia arriba dando paso a una zona cultivada con escasa presencia humana y algún caserío medio perdido. Cuando los árboles aparecen de nuevo es un buen momento para reponer fuerzas, reparar zapatos y hacerse otra foto. Si el tiempo lo permite, avanzaremos por una pista amplia hasta desembocar en una carretera asfaltada sin apenas tráfico. Cogeremos hacia la derecha, paralelo a una finca de naranjos que ha de quedar a nuestra izquierda. De esta manera nos presentaremos en un cruce junto a una venta o similar. Se trata de la carretera del Rocío a Villamanrique, la cual hemos de atravesar para toparnos casi de sopetón con el inicio de la Raya Real.
Es este momento comienza la parte más interesante del recorrido donde habremos de abrir nuestro cinco sentidos para disfrutar a pleno pulmón ( o lo que sea ) de las bondades del camino. No hemos de prestar mucha importancia a la basura ni a los todoterrenos si no queremos estropear lo que puede estar siendo la mejor ruta de nuestras vidas. Antes de llegar a Palacio, si fuera posible y el ganado cornudo nos lo permitiese, sería aconsejable pararse a comer puesto que los alrededores de la archiconocida hacienda, en circunstancias normales está que da asco. Eso sí, la cigüeñas, forman un conjunto de nidos en los eucaliptos que sí que son dignos de admirar. Procuraremos no pedirle agua al guarda del caserío porque nos puede mandar donde pican los pollos. Reposo de la bocadillada donde mejor le cuadre a uno y si las moscas no se muestran demasiado latosas, para emprender de nuevo la ruta sabiendo que lo que ya tenemos ante nuestros ojos pertenece a los dominios del Parque Nacional de Doñana con todo lo que ello lleva consigo.
El camino no tiene pérdida, la arena ( o el barro) tampoco y los sonidos se van volviendo más cercanos y más naturales. Hasta llegar al lugar de acampada es necesario realizar unas cuantas paradas, equilibrar el peso de la mochila y secarse el sudor si ello fuere menester. En medio de un bosque, pero próximo al camino que llevamos aparecerá el lugar donde pernocta Villamanrique, que reúne unas buenas condiciones para poder descansar de un largo día y disfrutar de un atardecer en las entrañas de Doñana. La noche, tiene que servir para oír algún que otro bramido, así como disparos provenientes de esa otra actividad tan propia de los Parques cual es el furtivismo. Se aconseja que a nadie se le ocurra salir a recoger muestra nocturnas, por si acaso.
3ª Jornada
Llegado este punto podemos decir que está todo el pescado vendido, ya que ello significa, que han pasado dos noches sin novedad y la aldea la tenemos a tiro de piedra. A poco que comencemos a andar se divisarán las primeras casas y aunque el terreno se pone cada vez más pesado, a poca distancia que queda, da alas como para adivinar el puente de la Jolí. Ya todo resulta más liviano, los amigos esperan con los churritos preparados y si no se tiran cohetes es porque ya están muy vistos.
Si el relato que aquí acaba, os ha servido de entretenimiento para el camino, yo me alegro, sino ¿qué le vamos a hacer?, me esmeraré más en la próxima entrega.
JOSÉ RODRÍGUEZ INFANTE
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