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Arruillo

Diario de un viaje. Ida y vuelta a Uruguay

Publicado el 21/02/2008 a las 08:50 en Viajes
Domingo, 30 de Julio de 2006
 
Nos levantamos a las nueve según habíamos dejado encargado en recepción, e hicimos un desayuno atípico, con muchas prisas y “yo voy delante para ganar tiempo” y esas cosas.-  Por aquello de las estrecheces de las primeras horas de la mañana y de todas esas zarandajas me toca ponerme a pasear buscando el Sol como los lagartos, porque a la sombra hace un frío que corta el cutis.- La Avenida 9 de Julio está iluminada y el Obelisco parece crecer un poco más: tengo ocasión de hacerle la última fotografía en detalle de una de las leyendas, dando explicaciones de que allí se izó la primera bandera independentista.- De la casa tomamos el taxi correspondiente y nos vamos al embarcadero dispuestos a pisar suelo uruguayo.- No hay demasiada gente –según los niños-, y los tramites se hacen adecuadamente.- El buquebus resulta enorme, con muchos asientos y distintas distribuciones, según la categoría del pasaje: por supuesto no falta el correspondiente shoping para gastarse cuantos dólares apetezca.- En el sitio para sentarse los pasajeros con la categoría de turistas se está más apretado que allí donde dijimos, así que decidimos sentarnos en el hall directamente en el suelo, ya que el piso está alfombrado y recostados sobre el cristal de la tienda no se está mal del todo: al menos hay más espacio.- Me dirijo a uno de los ventanales que dan al exterior y contemplo las maniobras de salida del puerto, reconocemos Costanera Sur como el lugar por el que estuvimos un día y el muelle de los pescadores.- El río se ve tan ancho que es un mar interior.- Apenas tiene tráfico marítimo, sus aguas son de color chocolate y presenta un oleaje apenas perceptible, que afortunadamente para mis intereses, no se nota en absoluto que vamos navegando.- Me pego al cristal con los prismáticos en la mano, veo alejarse la costa bonaerense y poco más: la gente se mueve de un lado para otro entreteniendo su tiempo y la hora pasa pronto; se divisa la costa uruguaya.- Otra vez todos los trámites del papeleo de policía, embarque y demás historias en ordenadas colas que nos terminan ingresando en otro país, en concreto en la ciudad de Colonia de Sacramento, punto turístico donde la gente viene a pasar el día ( aquí el peso vale siete veces más), hacer algunas compras y arreglar algún trámite burocrático.- Tiene una parte antigua, con mucha gente, chiquita y algo coqueta.- Tenemos un maratón como día festivo, se ve pasear a personas con uniformes de otros tiempos, para hacerse fotos con los turistas y sacarse los pesos correspondiente.- Algunos árboles que llaman la atención y casi enseguida un rincón mono donde llevarse al estómago: pasta con anchoas y un café con sabor a cuerno quemao.- Un paseito por otra zona algo más comercial; larga fila de falsos plátanos a los que les han hecho una poda de padre y muy señor mío.- Otra vez de nuevo en las colas de embarque en el buquebus, en esta ocasión en la sección de primera para echarme una agradable siesta mientras veo algunos goles de Boca en una tele cercana.
 
 
                                            
 
 
Lunes, 31 de Julio de 2006
 

La noche anterior nos buscamos otro hotel algo más barato donde pasar nuestras últimas horas argentinas: en nombre era Esplendi o algo por el estilo, aunque de espléndido tenía poco, eso si la plata, era la mitad que en el Impala y además no había que pagar por adelantado: estaba en la Avenida Rivadavia 950, próximo al Obelisco y por tanto al alcance de nuestros pies desde la casa de los niños.- Estaba cansado, así que mientras que Victoria veía en la tele uno de los últimos capítulos de “Vientos de agua” con Eduardo Blanco – artista que conocimos en una de nuestras salidas a Palermo-, yo fui cogiendo el sueño y me quedé frito al poco tiempo.- La habitación era tranquila, así que hasta las siete de la mañana que llegaron unos albañiles próximos, el asunto fue bien, luego comenzaron los porrazos y un vaso de cristal que se había quedado en el lavabo, terminó echo añicos.- Bajamos a desayunar bajo la sombra de dos sospechosos jamones que colgaban del techo del restaurante: un café incalificable, biscotes y el popular bollo en forma de cuerno, más conocido como media luna.- Mientras Victoria subió al piso y arreglaba algunas cosas, yo cogí el micro número 67, cuyo recorrido ya conocía, y fui hasta la agencia Growps para recuperar nuestro paraguas y otra copia de dvd, de los días que estuvimos viendo las cataratas: les di las gracias a los chavales por el trabajo realizado en la recuperación de nuestras pertenencias y ellos me pidieron que los recordase como agencia.- Ahí quedó la cosa.- Luego emprendí una buena caminata en el transcurso del regreso, sin cámaras de por medio y haciendo ejercicio puro y duro: Iba demasiado abrigado y me terminó sobrando toda la ropa que llevaba.- Los sitios, la gente, los mil y un detalles ya me resultaban familiares por lo que las ganas de hacer fotos ya habían pasado.- Antes de comer visitamos el Teatro Colón – uno de los grandes atractivos de esta ciudad-. - Como todo lo que vemos con cierta historia es impresionante su aspecto interno: una guía nos cuenta mil y un detalles y la demanda por visitarlo es constante.- Conocemos parte de su historia, anécdotas y distintas plantas donde se nos muestra un poco de todo, aunque sin gente trabajando o ensayando por ser lunes; la tremenda araña del centro que se ilumina en las actuaciones sirve al tiempo para que los músicos toquen desde allí cuando hace falta efectos especiales: asombroso.- Comemos en casa unos garbanzos y unos tomates con atún que saben divinos y sin mucho tiempo de espera nos desplazamos en taxi hasta el nuevo hogar de los niños, sito a cientos de cuadra del actual.- Allí conocemos al resto de  la familia   y el estado de las obras: hace frío.- Por la noche teníamos una cita con Lola Landa, que lleva unos días por aquí, así que en otro restaurante coquetón despacho una sabrosa grillada a la pachamama, acompañado de un postre fundamentado en dulce calabaza.- Una velada entretenida y vuelta al hotel para pasar nuestra última noche porteña en el mismo hotel de la noche anterior y con los nervios propios de una jornada venidera en la que hay que atar unas cuantas cosas antes de llegar a la ciudad de la Giralda.

Avatares en Yahoo! España

JOSÉ RODRÍGUEZ INFANTE

driades2001@yahoo.es

 

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