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Arruillo

París, mon amour II

Publicado el 31/10/2008 a las 09:20 en Viajes
Miércoles, 8 de Agosto de 2007
 
La noche anterior la habíamos despedido con lluvia, por lo que cabía la posibilidad de que nos encontrásemos con un día totalmente diferente al anterior. Y así fue: nos levantamos una hora antes porque queríamos estar tempranito en la cola para entrar en el Museo del Louvre, pero nos encontramos con la sorpresa de que no había cola: la mitad de la gente ya estaba dentro; la otra mitad aún no había llegado. Justo cuando empezó a apretar el agua nos metimos dentro de la pirámide acristalada, por lo que se alejaba el peligro de coger una mojada, pero nada más adentrarnos en aquel inmenso hormiguero, nos dimos cuenta de la cantidad de gente que pululaban de una lado para otro. Sacamos nuestros billetes correspondientes, al módico precio de 9 €, dejamos los paraguas en consigna y subimos a la última planta para comenzar la odisea de ver el Museo más grande del mundo. Las pinturas francesas fueron nuestras primeras anfitrionas y nos quedamos un poco con la boca abierta al comprobar que a pesar de su importancia, también tiene goteras este Museo y se ve que no es fácil la solución, porque recurren a un trapo enrollado que colocan en el suelo a modo de esponja. El trasiego de empleados, vigilantes, monitores y gente de los más diversos países que uno se pueda imaginar, se mueven de un lado para otro como si nos encontrásemos en el interior de un gigantesco hormiguero y tuviésemos que ayudar a la Reina a que no cesase de poner huevos. La Reina en este imaginario hormiguero sería La Monna Lisa y los obreros y zánganos el resto de personas que andábamos por allí con un mapa en las manos y mirando por todas partes.
Las vistas del exterior son muy bellas, dadas las condiciones atmosféricas y el cansancio pronto empieza a notarse porque es tanto lo que pretende entrar por los ojos, que es imposible computarizar el contenido. Me dejo llevar por la experiencia museística de las mujeres; me fijo en lo que me llama la atención y trato de captar con la cámara los momentos irrepetibles: los grupos de japoneses se repiten de forma incansable, capitaneados por un guía con alguna banderita identificativa y dependiendo de las salas o galerías que visitásemos la muchedumbre aumentaba o disminuía. La peregrinación a la Monna Lisa se convierte en epopeya y al final una de las vigilantes, por poco si me muerde la nuez, cuando estaba tratando de hacer lo mismo que el resto de los pobladores de aquella sala: obtener una fotografía de un montón de cabezas y brazos levantados, con cámaras en la mano. Todo quedó en anécdota; el bocata lo desgustamos junto a un punto de venta de bebidas y un oriental, que las pasó canutas para comerse una magdalena.
La parte de la tarde consistió en seguir recorriendo salas, galerías, escaleras y exposiciones diversas predominando los monumentales cuadros, que miedo pensar cómo pudieron pintar aquello. Venus de Milo, escriba sentado, cuadros de Murillo, Velázquez, El Greco, Rivera, Zurbarán, Exposición de Egipto, pintura italiana y otras muchas variedades, nos fueron llenando hasta el último poro de nuestra piel. A pesar del cansancio no salíamos del asombro ante todo lo que veíamos y nos preguntábamos cómo era posible dejar entrar a tantísima gente, haciendo ingrata la estancia por momentos, porque es que aquello parecía un Jueves Santo en Sevilla. Costó los suyo para dar con un patio acristalado en el que estaban situadas unas esculturas que habíamos estado viendo por las ventanas, pero al final lo conseguimos y nos pudimos hacer unas fotos de recuerdo.
De nuevo al autobús 27, el Champions y unas sopitas calientes que sabían a gloria bendita, luego de un día duro donde los haya y si no que lo pregunten a Eduardo que tuvo que poner las plantillas del revés para no tener que echarse los pies al hombro. Una tremenda paliza.
 
Jueves 9 de Agosto de 2007
 
Para el día de hoy tocaba darnos un paseo de Arco en Arco. Se nos presentó un día cubierto y algo más frío que el anterior, por lo que tuvimos que tirar del papaplues y el chubasquero. Comenzamos en el Arco del Carrusel, que ya conocíamos, para adentrarnos en Las Tullerías y disfrutar de una mañana ideal para pasear. Muchas zonas ajardinadas, un lago con un chorro enorme de agua que mojaba a los transeúntes y las primeras imágenes del Obelisco con su característico remate dorado. Como siempre mucha gente de una lado para otro, pero con una sensación de espacio libre, nada comparable a la visita al Louvre. La magnitud de los edificios colindantes a los jardines se deja notar. Nos acercamos al Obelisco, la fuente que le acompaña y la Plaza de La Concordia y a partir de aquí cambia el paisaje, porque se imponen Los Campos Elíseos por donde circula un tráfico no demasiado denso, dada la época del año en que nos encontramos.
Entre fotos y charla cuando nos damos cuenta, nos ha vuelto a cambiar el paisaje y ya nos encontramos en la misma Avenida, pero en lugar de jardines, los laterales se convierten en viviendas típicas francesas con sus buhardillas y sus flores en las terrazas. Tanta afición le tienen que en algunas azoteas hemos llegado a ver auténticos árboles, que es difícil imaginar hasta donde le llegarán las raíces. Los escaparates, las tiendas de moda y el Arco del Triunfo de L’Etoile, que lo tenemos cada vez más cerca. Como siempre distintas razas y culturas nos entrecruzamos, pero cuando se llega a sitios emblemáticos como éste se dejan escuchar los españoles. A través de un túnel accedemos al corazón del Arco, situado a modo de gran rotonda por la que discurre el tráfico. Hace frío en el lugar, a pesar de lo cual Edu hijo, Victoria y yo decidimos subir hasta esa especie de azotea habitable que supone la parte superior del Arco del Triunfo. Se sube inicialmente por una escalera de caracol y una vez en su interior, tenemos algunos museos y ¡como no!, las inevitables ventas de objetos de recuerdos para que no nos falte de nada. Por primera vez hacemos uso de nuestro “París-Visité”, además de utilizarla para viajar en autobús. La grandiosidad del Imperio Napoleónico se hace palpable en todo el monumento y las grandes gestas quedan recogidas en múltiples leyendas. Desde arriba es otra cosa: allí está París, con sus grandes avenidas que confluyen en el Arco, sus árboles, edificios emblemáticos y sus dorados, para que no se escape nada. La zona moderna llama la atención por lo rompedora, pudiéndose percibir lo llana que es esta ciudad que discurre a ambas orillas del Sena.
Comemos frente a unas rejas doradas, a espaldas de una familia española y los inevitables gorriones compitiendo con las palomas.
La siguiente cita la constituye la visita al Petitte Palace, sobreviviente de la Expo de 1900 y que recuerda mucho al Casino de la Exposición de Sevilla, en cuanto al estilo; nos damos un empacho de pinturas armenias y de otras culturas, nos hacen pasar medidas de seguridad una y otra vez y probamos el deca au lait en un sitio precioso. Desde la Place de la Concorde nos desviamos a la Madelenne, luego de ver las medidas de protección que tiene la sede de la Presidencia de la República, que tiene muy cerquita las embajadas de Japón, EEUU, Colombia y alguna más que se me escapa.
La Madelenne impresiona por esa portada tipo Partenón presidida por unos parterres florales de envidia; de allí retornamos a Las Tullerías para visionar la Orangerie sin llegar a entrar en la exposición, por la hora. Bajamos a la orilla del Sena y de allí al 47, para volver a nuestro pisito de la rue Vandrezanne, donde nos quedaba por vivir una noche con problemas gástricos, que afortunadamente quedaron en un susto.
JOSÉ RODRÍGUEZ INFANTE

Preciosa ciudad.

Publicado el 31/10/2008 a las 12:23 por cck0616
Cuantos recuerdos me asaltan leyendo tu post..
Paseando de noche por las calles de Paris..
Te imagino disfrutando a tope
Un saludo de Iñaki de Villa.

Una suerte

Publicado el 31/10/2008 a las 13:38 por Burrito
Tener la posibilidad de ir a Paris....o kualkier parte ke te llame la atención.
Sigo defendiendo ke primero deberíamos konocer nuestro pais,pero el ke sale y lo aprovecha apreciando lo ke ve y siente tiene un guevo de suerte.
Yo viví en tu Huelva un par de añitos,una pasada la manera de entender la vida de los andaluces y lo bonito ke es todo akello.
Me kedé en Moguer y hice buenos amigos,me ayudaron a disfrutar esa tierra y a konocerla.
Un Rebuzno,tio tranki

Comentario sin título

Publicado el 31/10/2008 a las 15:09 por IssisGabriel
Por favor, pero qué maravilla. Gracias por compartirlo con nosotros. Me encantaría conocer París, Pigalle, el cementerio donde hay tantos genios descansando... qué maravilla y qué suerte. Gracias de nuevo.

mmmmmmmmmm

Publicado el 31/10/2008 a las 16:06 por sherezade
Yo no lo conozco pero si algún día me paseo por allí...(ejjejejej) Sin comentarios...
Precioso post, hermoso...

Gracias

Publicado el 3/11/2008 a las 10:04 por Arruillo
Gracias a todos por vuestros comentarios, lo cual da ánimos para seguir expresándose en este medio.
Siempre que puedo aprovecho la oportunidad para viajar, que es algo innato de los Sagitarios -según dicen-, y lo mismo me da visitar lo más cercano que llegar a los confines del mundo. En cualquier caso lo disfruto y saco conclusiones que me vienen de perlas para seguir adelante en el día a día.
A Burrito, decirle que si estuvo en Moguer -no sé si de ahí viene su nombre- no me extraña que tenga buenos recuerdos: hay muy buena gente por esta tierra y del medio ¿qué decir? Esas playas, esa luz, esos espacios semisalvajes...en fin, esto da para mucho más que este espacio y para muchos días.
Gracias a todos

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