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La vida criminal de Artxibaldo de la Cruz

19/07/2008 - (Sin fecha)

 

 

Hacer canciones torpes, feas, a veces estúpidas, inútiles, que nadie escucha nunca. Pelearme con las cuerdas, con los trastes, con el corazón de madera. Lanzar alaridos de dolor que arañan el aire. Canciones que canto para María, aunque nunca haya sido atacada por ellas. Canciones de las que me avergüenzo. Letras desnudas, pudorosas.

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14/07/2008 - 24 de agosto de 2008 (II)

 

 

 

Me pregunto qué coños estoy sintiendo por María. A veces experimento un cariño tan profundo que pienso sencillamente que la amo. Otras veces, no encuentro ese sentimiento. A veces me aburro con ella. Otras, cuando no estamos juntos, quiero volar y encontrarla al instante. Es algo tan delicado para mí, tan frágil… Cuando corre peligro todo se hunde en mi mente. Cuando ella llora me ahogo en su dolor.

 

El sábado por la noche me decía que se encontraba más alegre, mas contenta. Y me invadió una alegría serena y profunda, un bienestar. Pero todo cambió al día siguiente. Ella se derrumbó, las cosas se caían a mi alrededor y yo con ella. Todo me hizo retroceder a febrero, marzo, abril y mayo, los cuatro meses más angustiosos de mi vida.

 

Hoy hablé con ella de nuevo y sigue mal, desestabilizada. No me ha contado todo pero yo lo sé. ¡Ojala sea verdad que el cabrón haya encontrado una nueva mujer! A ella la compadezco, pero es lo mejor que le puede ocurrir a María. Sin embargo, no me lo acabo de creer. No sé por qué. Mi desconfianza hacia el cabrón es radical. Pienso que puede ser una mentira para que María baje la guardia, que es lo que siempre hace cuando se van a ver.

 

Ojalá sea verdad, ojalá, ojalá.

 

Ayer quise hacer un nuevo pacto (todavía sigue en pie si alguien me escucha): mi vida a cambio de su dicha, de su tranquilidad, de su paz, de su esperanza, de su futuro, de su felicidad. Aunque sea al lado de otro hombre.

 

Aunque ojalá fuera conmigo y yo encontrara también todo eso a su lado. Sería mi sueño, mi fantasía más estimada, mi objetivo final. Y tener hijos con ella y cuidarlos y hacerlos crecer felices.

 

¡Qué anhelos tan lejanos!

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9/07/2008 - 24 de agosto de 1998

María mía:

 

Estoy escribiendo con el bolígrafo que me regalaste. Una mujer desnuda se desliza por un tronco. Es un poco incómodo para escribir pero bueno, al fin y al cabo lo elegí yo. Recuerdo la alegría con la que lo compramos. Muy diferente al tono de hoy. Quizá te llame mañana y la hayas recuperado.

 

Te quiero María.

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6/07/2008 - (Sin fecha)

 

El horizonte

 

Hay  un camino largo que sube al horizonte aplastado por el cielo azul ardiente. El sol perfora con su fuego la tela de la tarde. Te queda aún por subir todo el camino. Una ancha raya de carne putrefacta. Una herida que cruza tus pupilas y parte tus ojos en cuatro haciéndolos sangrar mar. Y oculto por tu cabeza un letrero de madera firmemente hundido en el firme que te soporta.

En el que se lee: “Una flecha lanza sus palabras, una célula nerviosa de tu cuerpo comienza a despertarse”.

 

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4/07/2008 - Sin fecha

 

Me gustaría que el horizonte se reflejara en tus ojos y que no lloviera nunca.

 

Te imagino ante una ventana, abriéndola, escuchando el canto de las aves. Sobre la rama de un árbol que te presta su sombra contemplas un pájaro y ves lo que ven sus ojos.  Vuela el pájaro y sientes las nubes acariciando tu rostro. Los niños te divisan y te llaman bailando. Se acerca el pajarillo y las manos diminutas templan tus alas. Los niños te besan y tú les cantas las canciones que saben los pájaros, canciones sin palabras que sólo entienden los niños. Tu rostro sonríe en la ventana sobre el horizonte infinito y los niños te dejan buscar de nuevo el cielo. El pajarillo ve a las personas tan pequeñitas, tan pequeñitas que sonríes de nuevo y iluminándose la mañana en tu interior, para los niños, para las personas pequeñitas y el pajarillo vuelve a la rama frente a la ventana devolviéndote tus ojos, sintiéndote un poco más niña, un poco más pequeñita. Sonriendo.

 

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28/06/2008 - 19 de agosto de 1998 (II)

 

¡Cómo te puede estropear una llamada todo un día, todo un semana, todo un mes! Cuando María me ha dicho esta mañana que el cabrón le ha vuelto a llamar y que quiere verla la preocupación, el nerviosismo, la desazón me han vuelto a invadir. Hacía muchas semanas que no sentía esto.

 

¡Qué hijo de puta! ¿Cuánto daño más puede hacer?

 

El sol de agosto, un sol templado, va bajando hacia las azoteas acariciando la tarde. ¡Qué bonita tarde estropeada por el cabrón!

 

Ayer otros dos capullos intentaron matar a sendas mujeres. ¡¿Cómo no salta la sociedad ante esto?! ¿Cómo no se levantan las mujeres?, ¿Es que nadie se da cuenta del terror bajo el que viven, del terror masculino sobre la mujer, del desprecio, la violencia, la falta de consideración en la que a veces, yo mismo caigo?

 

Cada vez voy pensando más que uno de los principios de las relaciones humanas es la violencia. ¡Qué gran verdad es esa de que el pez grande se come al chico!

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27/06/2008 - 19 de agosto de 1998

 

 

Ha vuelto a remover el aire y hemos percibido de nuevo su peste fétida. Cuando me lo ha contado María, me he puesto bastante nervioso. Ella me dijo que también se alteró mucho cuando habló con él. Es probable que comience una ofensiva. La excusa que le dio para volver a verla es estúpida, como siempre. Y todo ello ocurre en un panorama inmerso en decenas de noticias de ex novios, ex maridos, ex compañeros que amenazan, apalean y asesinan a las mujeres que compartieron alguna vez algo con ellos. Y me invaden pensamientos violentos, imágenes macabras, latidos gigantes en las sienes. Estaba empezando a confiar en que todo podría acabar definitivamente.

 

Es increíble, pero o no la voy a abandonar. Eso lo tengo claro.

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22/06/2008 - 17 de agosto de 1998

 

 

Paso los días de agosto lentamente, deslizándome sobre el suelo brillante de la oficina. Los compañeros se van incorporando poco a poco. La brillante inteligencia de Chano, con su conversación siempre interesente y pícara. Los problemas sentimentales de Amancia y su amante casado. Las preocupaciones burocráticas de Candela y sus botes de maquillaje. La flema de Pedro, la simpatía de Marisa, la seriedad del otro Pedro, el de la Cámara…

 

El día no se ha levantado muy caluroso. Parece más de septiembre que de agosto. A mi lado Antonio, Margarita y Erkuden hacen sumas y restas correspondientes a innumerables expedientes que se verán en la próxima comisión. Ismael, quizá el más trabajador de todos, sigue al frente del ordenador, tecleando y fumando como un carretero. Amancia habla por teléfono. La gente pasa por el pasillo. Yo escribo estas palabras con una carta de SEBIME sobe la mesa, para disimular.

 

Todo el país está de vacaciones. ¿Todo? Hay muchas personas que se quedan en su domicilio porque no tienen dinero para irse o porque no tienen nadie con quien irse. Playas abarrotadas, apartamentos y hoteles a rebosar, paseos marítimos que hablan docenas de lenguas distintas, montañas escaladas, ríos profanados, caminos caminados, bicicletas montadas, siestas interminables, juergas madrugadoras, partidas de dominó, amores que comienzan, amores que comienzan a terminar, niños corriendo, niños gritando, accidentes de tráfico, muertos, dolor, desesperación, lágrimas…

 

 

 

 

Dentro de diez días cumplo treinta y dos años y me encuentro más perdido que un gua. No se adónde voy ni si me apetece ir a algún sitio. No me atrevo ni a escribir sobre María. ¿Típica crisis de los treinta?

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21/06/2008 - 16 de agosto de 1998

 

He vuelto a revisar mis sellos recién comprados. ¿No será otra jilipollez de las mías? Los he mirado y me he sentido como un imbécil. Me he visto dentro de unos años con miles de estampitas no sabiendo qué hacer con ellas, y por supuesto, no sabiendo cómo ni a quién venderlas, apenas sin valor para intentarlo. Pienso que es otra manera más de llenar mi existencia vacía y sin sentido, de crear una falsa ilusión, como hice con las películas. Encuentro que son nuevos fuegos artificiales. Al final siempre choca mi cabeza contra la pared.

 

Estoy escuchando precisamente en estos momentos una vieja canción de Asfalto, “La huida”, y quiero irme. ¡Cuánta gente ha huido de su vida, de su situación, de su gente! Algunos han solucionado así sus días. Otros no. Quizá huían de sí mismos y eso, como Jonás averiguó, es imposible. Yo ni siquiera lo intento aunque estuve obsesionado con la idea durante muchos meses hasta que me convencí de que nunca tendría el valor de hacerlo. O quizá simplemente me olvidé de ello, o me cansé de soñar.

 

“Son pocas las cosas que al día hago por placer”, dice la canción. “Soy un cautivo en libertad”.

 

No sé lo que quiero ni nunca lo he sabido. Bueno sí comunicarme, ofrecer todo lo que llevo dentro. Pero ¿se puede hacer un proyecto de vida, de trabajo sólo con eso?, ¿no es así como hacen los artistas, los creadores?

 

La soledad me rodea. Sólo los ojos de María son los puentes que me unen a la vida, al tiempo, a la realidad ajena. Su boca, su sonrisa, sus labios.

 

Ella, sin embargo, también anda perdida, y no nos acabamos de encontrar.

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