Me gusta la ciudad al atardecer,
el andar de los gatos, y el frio perder,
Me gusta imaginarme por el mundo
llevando cartas de amor, sin rumbo.
Me gusta la ternura de unos ojos,
la calle en siesta, los sueños locos.
Me gusta que la vida no me lleve a contar sus liendres y a pedir perdón.
Si fui llamada como cada quien a este milagro de subir al tren,
si tengo venas, labios y emoción, me gusta que ande suelto el corazón.
Me gustan las ventanas que amanecen
sin los fantasmas que el tiempo mece.
Me gustan los caminos y el retorno,
la cama abrigada y el sol de otoño.
Me gusta la sonrisa en la penumbra,
el libro abierto, la luz que alumbra.
Me gusta que la vida no me lleve
a matar los duendes y a decir que no.