Fuente: mi+d Universidad Autónoma de Madrid (24/11/2009) Por Máximo Sandín Las dos obras fundacionales que constituyen la base teórico-filosófica del pensamiento occidental contemporáneo, de la concepción de la realidad, de la sociedad, de la vida, y que han sido determinantes en las relaciones de los seres humanos entre sí y con la Naturaleza son "La riqueza de las naciones" de Adam Smith y "Sobre el origen de las especies por medio de la selección natural o el mantenimiento de las razas favorecidas en la lucha por la existencia" de Charles Darwin. La concepción de la naturaleza y la sociedad como un campo de batalla en el que dos fuerzas abstractas, la selección natural y la mano invisible del mercado rigen los destinos de los competidores, ha conducido a una degradación de las relaciones humanas y de los hombres con la naturaleza sin precedentes en nuestra historia que está poniendo a la humanidad al borde del precipicio. El creciente abismo entre los países victimas de la colonización europea y los países colonizadores, las decenas de guerras permanentes, siempre originadas por oscuros intereses económicos, la destrucción imparable de ecosistemas marinos y terrestres... sólo puede conducir a la Humanidad a un callejón sin salida. La gran industria farmacéutica se puede considerar, dentro de este proceso destructivo, un claro exponente de la aplicación de estos principios y de sus funestas consecuencias. La concepción del organismo humano y de la salud como un campo para el mercado, como un objeto de negocio, unida a la visión reduccionista y competitiva de los fenómenos naturales ha conducido a una distorsión de la función que, supuestamente, le corresponde, que puede llegar a constituir un factor más a añadir a los desencadenantes de la catástrofe. Un ejemplo dramáticamente ilustrativo de los peligros de esta concepción es el alarmante aumento de la resistencia bacteriana a los antibióticos, que puede llegar a convertirse en una grave amenaza para la población mundial, al dejarla inerme ante las infecciones (Alekshun M. N. y Levy S. B., 2007). El origen de este problema se encuentra en los dos conceptos mencionados anteriormente, que se traducen en el uso abusivo de antibióticos ante el menor síntoma de infección, su utilización masiva para actividades comerciales como el engorde de ganado, y su comercialización con evidente ánimo de lucro, pero, sobre todo, de la consideración de las bacterias como patógenos, "competidores" que hay que eliminar. Esta concepción pudo estar justificada por la forma como se descubrieron las bacterias, antes "inexistentes". El hecho de que su entrada en escena fuera debido a su aspecto patógeno, unido a la concepción darwinista de la naturaleza según la cual, la competencia es el nexo de unión entre todos sus componentes, las estigmatizó con el sambenito de microorganismos productores de enfermedades que, por tanto, había que eliminar. Sin embargo, los descubrimientos recientes sobre su verdadero carácter y sus funciones fundamentales para la vida en nuestro planeta han transformado radicalmente las antiguas ideas. Las bacterias fueron fundamentales para la aparición de la vida en la Tierra, al hacer la atmósfera adecuada para la vida tal como la conocemos mediante el proceso de fotosíntesis (Margulis y Sagan, 1995). También fueron responsables de la misma vida: las células que componen todos los organismos fueron formadas por fusiones de distintos tipos de bacterias de las que sus secuencias génicas se pueden identificar en los organismos actuales (Gupta, 2000). En la actualidad, son los elementos básicos de la cadena trófica en el mar y en la tierra y en el aire (Howard et al., 2006; Lambais et al., 2006) y siguen siendo fundamentales en el mantenimiento de la vida: "Purifican el agua, degradan las sustancias tóxicas, y reciclan los productos de desecho, reponen el dióxido de carbono a la atmósfera y hacen disponible a las plantas el nitrógeno de la atmósfera. Sin ellas, los continentes serían desiertos que albergarían poco más que líquenes". (Gewin, 2006), incluso en el interior y el exterior de los organismos (en el humano su número es diez veces superior al de sus células componentes). La mayor parte de ellas son todavía desconocidas y se calcula que su biomasa total es mayor que la biomasa vegetal terrestre. Con estos datos resulta evidente que su carácter patógeno es absolutamente minoritario y que en realidad es debido a alteraciones de su funcionamiento natural producidas por algún tipo de agresión ambiental ante la que reaccionan intercambiando lo que se conoce como "islotes de patogenicidad" ( Brzuszkiewicz et al., 2006) una reacción que, en realidad, es una reproducción intensiva para hacer frente a la agresión ambiental. De hecho, se ha comprobado que los antibióticos no son realmente "armas" antibacterianas, sino señales de comunicación que, en condiciones naturales, utilizan, entre otras cosas, para controlar su población: "Lo que los investigadores conocen sobre los microbios productores de antibióticos viene fundamentalmente de estudiarlos en altos números como cultivos puros en el laboratorio, unas condiciones artificiales comparadas con su número y diversidad encontrados en el suelo" (Mlot, 2009). A pesar de todos estos datos reales, se puede comprobar cómo la industria farmacéutica sigue buscando "nuevas armas" para combatir a las bacterias (Pearson, 2006). Los virus han seguido, con unos años de retraso, el mismo camino que las bacterias, debido a que su descubrimiento fue más tardío a causa de su menor tamaño. Descubiertos por Stanley en la enfermedad del "mosaico del tabaco" fueron, lógicamente, dentro de la óptica competitiva de la naturaleza, incluidos en la lista de "rivales a eliminar". Es evidente que algunos de ellos provocan enfermedades, algunas terribles, pero, ¿no estará en el origen de éstas algún proceso semejante al que ya parece evidente en las bacterias?. Veamos los datos más recientes al respecto: El número estimado de virus en la Tierra es de cinco a veinticinco veces más que el de bacterias. Su aparición en la Tierra fue simultánea con la de las bacterias (Woese, 2002) y la parte de las características de la célula eucariota no existentes en bacterias (ARN mensajero, cromosomas lineales y separación de la transcripción de la traslación) se han identificado como de procedencia viral (Bell, 2001). Las actividades de los virus en los ecosistemas marinos y terrestres (Williamson, K. E., Wommack, K. E. y Radosevich, M., 2003; Suttle, C. A., 2005) son, al igual que las de las bacterias, fundamentales. En los suelos, actúan como elementos de comunicación entre las bacterias mediante la transferencia genética horizontal (Ben Jacob, E. et al., 2005) en el mar tienen actividades tan significativas como estas: En las aguas superficiales del mar hay un valor medio de 10.000 millones de diferentes tipos de virus por litro. Su densidad depende de la riqueza en nutrientes del agua y de la profundidad, pero siguen siendo muy abundantes en aguas abisales. Su papel ecológico consiste en el mantenimiento del equilibrio entre las diferentes especies que componen el plancton marino (y como consecuencia del resto de la cadena trófica) y entre los diferentes tipos de bacterias, destruyéndolas cuando las hay en exceso. Como los virus son inertes, y se difunden pasivamente, cuando sus "huéspedes" específicos son demasiado abundantes son más susceptibles de ser infectados. Así evitan los excesos de bacterias y algas, cuya enorme capacidad de reproducción podría provocar graves desequilibrios ecológicos, llegando a cubrir grandes superficies marinas. Al mismo tiempo, la materia orgánica liberada tras la destrucción de sus huéspedes, enriquece en nutrientes el agua. Su papel biogeoquímico es que los derivados sulfurosos producidos por sus actividades, contribuye... ¡a la nucleación de las nubes! A su vez, los virus son controlados por la luz del sol (principalmente por los rayos ultravioleta) que los deteriora, y cuya intensidad depende de la profundidad del agua y de la densidad de materia orgánica en la superficie, con lo que todo el sistema se regula a sí mismo. (Fuhrman, 1999). Hasta el 80% de las secuencias genéticas de los virus marinos y terrestres no son conocidas en ningún organismo animal ni vegetal. (Villareal, 2004). En cuanto a sus actividades en los organismos, los datos que se están obteniendo los convierten en los elementos fundamentales en la construcción de la vida. Además de las características de la célula eucariota no existentes en las bacterias que se han identificado como procedentes de virus, más significativo aún es el hecho de que la inmensa mayor parte de los genomas animales y vegetales está formada por virus endógenos que se expresan como parte constituyente de éstos (Britten, R.J., 2004) y elementos móviles y secuencias repetidas, ambos derivadas de virus, que se han considerado erróneamente durante años "ADN basura" gracias a la "aportación científica" de Richard Dawkins con su pernicioso libro "El gen egoísta" (Sandín, 2001; Von Sternberg, R., 2002). Entre éstas, los genes homeóticos fundamentales, responsables del desarrollo embrionario, cuya disposición en los cromosomas de secuencias repetidas en tandem revela un evidente origen en retrotransposones (capaces de hacer, con la ayuda del genoma, duplicaciones de sí mismos), a su vez derivados de retrovirus (Wagner, G. P. et al., 2003; García-Fernández, J., 2005). Una de las funciones más llamativas es la realizada por los virus endógenos W, cuya misión en los mamíferos consiste en la formación de la placenta, la fusión del sincitio-trofoblasto y la inmunosupresión materna durante el embarazo (Venables et al., 1995; Harris, 1998; Mi et al., 2000; Muir et al., 2004). Pero la cantidad, no sólo de "genes" sino de proteínas fundamentales en los organismos eucariotas (especialmente multicelulares) no existentes en bacterias y adquiridas de virus sería inacabable (Adams y Cory, 1998; Barry y McFadden, 1999; Markine-Goriaynoff et al., 2004; Gabus et al., 2001; Medstrand y Mag, 1998; Jamain et al., 2001 ), aunque, en ocasiones, los propios descubridores, llevados por la interpretación darwinista las consideran aparecidas misteriosamente ("al azar") en los eucariotas y adquiridas por los virus (Hughes & Friedman, 2003) a los que acusan de "secuestradores", "saboteadores" o "imitadores" (Markine-Goriaynoff et al., 2004) sin tener en cuenta que los virus en estado libre son absolutamente inertes, y que es la célula la que utiliza y activa los componentes de los virus (Cohen, 2008)). Por eso, resultan absurdas las acusaciones, que estamos cansados de oír, de que los virus "mutan para evadir las defensas del hospedador". Las "mutaciones" se producen durante los procesos de integración en el ADN celular debido a que la retrotranscriptasa viral no corrige los "errores de copia". En definitiva, e independientemente de la incapacidad para la comprensión de la importante función de los virus en la evolución y los procesos de la vida motivada por la asfixiante concepción reduccionista y competitiva de las ideas dominantes en Biología, los datos están disponibles en los genomas secuenciados hasta ahora. En el genoma humano se han identificado entre 90.0000 y 300.0000 secuencias derivadas de virus. La variabilidad de las cifras es debida a que depende de que se tengan en consideración virus completos o secuencias parciales derivadas de virus. Es decir, también están en nuestro interior. Cumpliendo funciones imprescindibles para la vida. Pero también sabemos que los virus endógenos se pueden activar y "malignizar" como consecuencia de agresiones ambientales (Ter-Grigorov, et al., 1997; Gaunt, Ch. y Tracy, S., 1995). Es decir, por más que la concepción dominante de la naturaleza, la que nos parecen querer imponer los interesados en la lucha contra ella, sea la de un sórdido campo de batalla plagado de "competidores" a los que hay que eliminar, lo que nos muestra la realidad es una naturaleza de una enorme complejidad en la que todos sus componentes están interconectados y son imprescindibles para el mantenimiento de la vida. Y que son las rupturas de las condiciones naturales, muchas de ellas causadas por esta visión reduccionista y competitiva de los fenómenos de la vida, las que están conduciendo a convertir a la naturaleza desequilibrada en un verdadero campo de batalla en el que tenemos todas las de perder. El peligroso avance de la resistencia bacteriana a los antibióticos se puede considerar como el más claro exponente de las consecuencias de la irrupción de la competencia y el mercado en la naturaleza, pero hay otra consecuencia de esta actitud que nos puede dar una pista de hasta donde pueden llegar si se continúa por este camino: Desde 1992 hasta 1999, el periodista Edward Hooper siguió el rastro de la aparición del SIDA hasta un laboratorio en Stanleyville en el interior del Congo, por entonces belga, en el que un equipo dirigido por el Dr. Hilary Koprowski, elaboró una vacuna contra la polio utilizando como sustrato riñones de chimpancé y macaco. El "ensayo" de esta vacuna activa tuvo lugar entre 1957 y 1960, mediante un método muy habitual "en aquellos tiempos", la vacunación de más de un millón de niños en diversas "colonias" de la zona. Niños cuyas condiciones de vida (y, por tanto, de salud) no eran precisamente las más adecuadas. En un debate en el que el periodista expuso sus datos, Hooper fue vapuleado públicamente por una comisión de científicos que negaron rotundamente esa relación, aunque no se consiguió encontrar ninguna muestra de las vacunas. Parece comprensible que los científicos no quieran ni siquiera pensar en esa posibilidad. Desde entonces, se han publicado varios "rigurosos" estudios que asociaban el origen del sida con mercados africanos en los que era práctica habitual la venta de carne de mono o, más recientemente, "retrasando" la fecha de aparición hasta el siglo XIX mediante un supuesto "reloj molecular" basado en la comparación de cambios en las secuencias genéticas de virus. Lo que ni Hooper ni Koprowsky podían saber era que los mamíferos tenemos virus endógenos que se expresan en los linfocitos y que son responsables de la inmunodepresión materna durante el embarazo. En la actualidad, Koprowsky es uno de los científicos con más patentes a su nombre. Las barreras de especie son un obstáculo natural para evitar el salto de virus de una especie a otra. Son necesarias unas condiciones extremas de estrés ambiental o unas manipulaciones totalmente antinaturales para que esto ocurra. Y todo esto nos lleva al cuestionamiento de de muchos conceptos ampliamente asumidos que, como ajeno profesionalmente al campo de la medicina, sólo me atrevo a plantear a los expertos en forma de preguntas para que sean ellos los que consideren su pertinencia: Si tenemos en cuenta que las secuencias genéticas de los virus endógenos y sus derivados están implicadas en procesos de desarrollo embrionario (Prabhakar et al., 2008), se expresan en todos los tejidos y en muchos procesos metabólicos (Sen y Steiner, 2004), inmunológicos (Medstrand y Mag, 1998), ¿cuál es la verdadera relación de los virus con el cáncer o con las enfermedades autoinmunes? ¿son causa o consecuencia? Es decir, ¿existen epidemias de cáncer o artritis o son los tejidos afectados los que emiten partículas virales (Seifarth et al., 1995)? Si tenemos en cuenta que la inmunidad es un fenómeno natural que cuenta con sus propios procesos para garantizar el equilibrio con los microorganismos del entorno (del exterior y del interior de los organismos), la introducción artificial de microorganismos "atenuados" o partes de ellos en el sistema circulatorio saltando la primera barrera inmunitaria ¿no producirá una distorsión de los mecanismos naturales incluyendo un posible debilitamiento del sistema inmune que favorecería la posterior susceptibilidad a distintas enfermedades? Y, finalmente, si tenemos en cuenta que la existencia en la naturaleza de "virus recombinantes" procedentes de dos especies diferentes es tan extraña que posiblemente sea inexistente debido a la extremada especificidad de los virus. ¿De dónde vienen esos extraños virus con secuencias procedentes de cerdos, aves y humanos? En el caso "hipotético" de que los verdaderos intereses de la industria farmacéutica fueran los beneficios económicos, la enfermedad se convertiría en un negocio, pero las vacunas serían, sin la menor duda, el mejor negocio. Ya hemos visto repetidamente hasta donde pueden llegar las dos industrias que, junto con la farmacéutica, constituyen los mercados que más dinero "generan" en el mundo: la petrolera y la armamentística. Sería un duro golpe para los ciudadanos convencidos de que están en buenas manos comprobar que una industria aparentemente dedicada a cuidar la salud de los ciudadanos fuera en realidad otra siniestra máquina acumuladora de dinero capaz de participar en las turbias maquinaciones de sus compañeras de ranking como, por ejemplo, controlar prestigiosas organizaciones internacionales para favorecer sus propios intereses. La concepción de la naturaleza basada en el modelo económico y social del azar como fuente de variación (oportunidades) y la competencia como motor de cambio (progreso) impone la necesidad de "competidores" ya sean imaginarios o creados previamente por nosotros y está dañando gravemente el equilibrio natural que conecta todos los seres vivos. Pero la Naturaleza tiene sus propias reglas en las que todo, hasta el menor microorganismo y la última molécula, están involucrados en el mantenimiento y regulación de la vida sobre la Tierra y tiene una gran capacidad de recuperación ante las peores catástrofes ambientales. El ataque permanente a los elementos fundamentales en esta regulación, la agresión a la "red de la vida", puede tener unas consecuencias que, para nuestra desgracia, sólo podremos comprobar cuando la Naturaleza recobre el equilibrio.
FUENTE | UAH - mi+d (23/11/2009) La contaminación de las aguas y la crisis energética son dos de los problemas más acuciantes a los que se enfrenta la sociedad actual. Encontrar una solución conjunta a estas dos cuestiones es el propósito del grupo de Bioelectrogénesis de la Universidad de Alcalá, y los microorganismos son sus aliados en esta compleja encrucijada. "Lo que pretendemos es que el residuo pague su propio tratamiento", explica Abraham Esteve Núñez, bioquímico responsable de este grupo de investigación multidisciplinar. "Nuestra sociedad ha invertido mucha energía y dinero en generar compuestos de síntesis y materiales, y las bacterias podrían ayudarnos a recuperar toda esa energía química contenida en los residuos del agua y del suelo", añade. "El sistema que hemos ideado consta de unos electrodos, que introducimos en el agua residual con la bacteria Geobacter, que transforma los contaminantes y, a la vez que "respira" el electrodo en la misma forma en la que nosotros utilizamos el oxígeno, genera un flujo de electrones; es decir, electricidad. Estamos tratando de elucidar cuáles son los mecanismos por los que las bacterias transfieren los electrones a los electrodos, y así conectar Geobacter a ellos mediante nano-cables moleculares con el objetivo de diseñar pilas de combustible microbianas más eficientes que permitan aplicar esta nueva tecnología", comenta Esteve. Este microorganismo era ya conocido porque al respirar óxidos de hierro de las rocas, los transformaba en un imán natural, la magnetita. "Tenemos muchas esperanzas puestas en este proyecto porque sería una forma de conseguir energía de forma continua, eliminando además residuos tóxicos. Es una solución perfecta que nos ofrecen las bacterias", concluye Abraham Esteve Núñez. ozono21 blogs
Precisamente con el objetivo de descontaminar las aguas residuales y, simultáneamente, generar energía eléctrica limpia nace el proyecto europeo Bacterial Wiring for Energy Conversion and Bioremediation (BacWire), financiado con tres millones de euros por el Séptimo Programa Marco dentro del área de nanotecnología. En este proyecto multidisciplinar participan, además del grupo de Bioeletrogénesis de la Universidad de Alcalá, investigadores de la Universidad de Alicante, Universidad de Liverpool (Reino Unido), Universidad de Berna (Suiza), el Instituto de Investigaciones en Ciencia y Tecnología de Materiales (INTEMA) de Mar de Plata (Argentina) y la empresa danesa de células de combustible Electro-Cell. Ingenieros, físicos, bioquímicos, nanotecnólogos, químicos y microbiólogos están embarcados en esta aventura.
En este caso, el material que se le da a Geobacter para respirar y que produzca electricidad es grafito, el mismo que encontramos en la mina de los lápices.
Tras obtener buenos resultados en el laboratorio y en diversas plantaciones que se encuentran en el Real Jardín Botánico Juan Carlos I de la Universidad de Alcalá, el siguiente paso es comprobar que el método es también efectivo a gran escala.
Por eso el consorcio está diseñando una celda de combustible a escala piloto y poder tratar un metro cúbico de agua residual.
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Fuente: consumer (16 de noviembre de 2009) Autor: Por NATÀLIA GIMFERRER MORATÓ La fotosíntesis es un proceso indispensable para la vida de las plantas. Se divide en dos fases, una que depende de la luz y que requiere su energía directa, y otra, independiente de la luz, que puede realizarse en la oscuridad. Una reciente investigación de expertos de la Universidad de Tel Aviv, en Israel, desvela que las hojas de lechuga romana expuestas a la luz y a salmonella, registran una acumulación de bacterias en el tejido interno. La bacteria, principal causante de gastroenteritis, penetra en las hojas de la lechuga y queda protegida contra el lavado u otros procesos tecnológicos más superficiales. Este patógeno puede hallarse en grandes cantidades en los alimentos sin alterar su sabor u olor; cuanto mayor sea el número de microorganismos, mayores son las posibilidades de que el consumidor sufra la infección. Además, es capaz de sobrevivir durante largos períodos de tiempo y, en los alimentos con actividad de agua elevada o de temperatura alta, se multiplica de forma rápida. La estrategia de las bacterias Las bacterias penetran en las superficies más profundas de las hojas de la lechuga por los estomas, unos poros de pequeñas dimensiones que utilizan para obtener y liberar gases durante la fotosíntesis. Se abren con la luz y facilitan la entrada de los patógenos. En algunos vegetales, las partes más verdes se caracterizan por una gran densidad estomática y son más vulnerables al ataque patógeno. Por el contrario, la incubación en la oscuridad origina un patrón de adherencia disperso y muy poca penetración en el vegetal. Los nutrientes que se producen durante la fotosíntesis atraen a los patógenos La investigación israelí concluye que los nutrientes producidos durante la fotosíntesis, sólo cuando hay luz, atraen a los patógenos. Mientras, las mutaciones que afectan a la motilidad y la quimiotaxis inhiben de manera significativa la penetración de salmonella. Este último fenómeno depende de las sustancias químicas detectadas en el medio ambiente, que determinan el movimiento de las bacterias. Conocer estas premisas es útil para limitar el acceso de las bacterias a las verduras. Sin embargo, la luz es necesaria para el crecimiento natural de las plantas y para su desarrollo, por lo que erradicar por completo la proliferación de bacterias patógenas es una tarea difícil. La mayoría de las plantas se adaptan a la cantidad de luz que reciben. Si las condiciones lumínicas son escasas, regulan su actividad fotosintética y utilizan menos cantidades de enzimas para la fase de crecimiento. Su tasa de respiración disminuye con respecto a las plantas que reciben luz y reducen sus demandas metabólicas. Sin embargo, estos vegetales maduran con una calidad menor, mientras que otros con requerimientos de luz muy estrictos ni siquiera se adaptan a estos cambios. Controlar la luz necesaria La respuesta a la exposición de la luz es diferente en cada vegetal. También varía en función de la parte de las plantas. No es igual en las hojas, la raíz, el tallo o las flores. Una aportación lumínica correcta marca el crecimiento del vegetal y se traduce en un aumento de la calidad. En lugares poco iluminados, las plantas sufren mucho y su crecimiento es más lento y débil. La falta de color o la aparición de un tono amarillento son los principales indicadores. Por el contrario, si el vegetal está expuesto a demasiada luz, también puede sufrir problemas como la aparición de hojas de aspecto apagado y sin vida o los bordes quemados. Contra los patógenos El objetivo de la limpieza es eliminar los posibles contaminantes, entre ellos los patógenos, para proteger la salud del consumidor. En el caso de los vegetales adquiere una mayor importancia, ya que buena parte se consumen crudos y el lavado es la principal herramienta para eliminar cualquier riesgo. Cuando llegan a la industria, los vegetales se limpian con agua fría, apta para el consumo humano y tratada con hipoclorito de sodio. Luego se elimina el exceso de humedad de los productos frescos para evitar el crecimiento de bacterias. MENOS LUZ, MAYOR CALIDAD Los vegetales, una vez recolectados, lavados y tratados son más susceptibles a la luz. Si bien la necesitan para crecer, cuando han madurado, ejerce un efecto negativo y resta calidad. Un estudio del Área de Tecnología Alimentaria de la Universidad de la Rioja, publicado en la revista "Journal of the Science of Food and Agriculture", advierte de que los vegetales frescos no sobrepasan las dos semanas de vida útil, mientras que la luz favorece su degradación. El puerro permanece en buen estado durante 26 días, mientras que con luz apenas dura 18; la coliflor, pasa de 11 a 3 días.
Un equipo internacional de científicos ha observado por primera vez una estrategia evolutiva llamada «bet hedging» («diversificación de apuestas»), en condiciones de laboratorio. FUENTE | CORDIS: Servicio de Información en I+D Comunitario (11/11/2009) Este término alude a la manera en que ciertos organismos aseguran la supervivencia de su especie en ambientes sometidos a cambios rápidos, produciendo crías adaptadas a distintas condiciones de vida. Podría tratarse de una de las técnicas más antiguas de adaptación evolutiva. 
El equipo científico, formado por investigadores de Alemania, Países Bajos y Nueva Zelanda, ha publicado en la revista Nature un artículo sobre sus observaciones de esta «diversificación de apuestas» en la especie bacteriana Pseudomonas fluorescens.
Los experimentos realizados consistieron en introducir cepas de Pseudomonas en dos medios de cultivo distintos. La variante que se impuso a las demás en un medio se introdujo después en el otro medio, y viceversa, en los que las mutaciones que les habían dado ventaja anteriormente perdían su valor. De este modo, nuevas mutaciones y, por tanto, nuevas variantes evolucionaron para compensar la desventaja resultante.
Los científicos descubrieron que, en definitiva, las bacterias generaban cepas con la misma configuración genética, que siempre daban lugar a dos variantes distintas, en ambos medios. Las variantes de Pseudomonas capaces de realizar la «diversificación de apuestas» se imponían a aquellas cuyos genotipos se adaptaban simplemente por mutación.
Mientras que los cambios evolutivos suelen suceder a lo largo de generaciones, de forma que los portadores de mutaciones ventajosas prevalecen sobre los que presentan características menos aptas, la «diversificación de apuestas» consiste en producir una generación de crías idénticas desde el punto de vista genético, pero en la que una parte de la descendencia está perfectamente adaptada al medio actual mientras que otra es más apta para condiciones totalmente distintas, lo que les garantizaría la supervivencia en caso de que se produjeran cambios radicales en su entorno.
Este fenómeno se ha observado en organismos muy diferentes, desde bacterias hasta plantas y animales. Los patógenos bacterianos, por ejemplo, presentan variaciones en la superficie celular (lisas y rugosas, por ejemplo), reduciendo así el riesgo de ser detectados por el sistema inmunitario del organismo huésped.
«Nuestros experimentos han arrojado pruebas de que la diversificación del riesgo es una estrategia muy eficaz para adaptarse con rapidez a los entornos cambiantes», aseguró uno de los autores del estudio, el Dr. Christian Kost del Instituto Max Planck de Ecología Química (Alemania). «Si un mismo genotipo genera múltiples variantes al mismo tiempo, puede responder con mayor rapidez a cambios importantes del medio.»
El estudio concluye así: «La información recabada sobre los rasgos moleculares subyacentes revela cómo, realizando pequeños ajustes del metabolismo central, la evolución ha dado con una estrategia que, en buena lógica, podría haber necesitado de decenas de miles de generaciones para conformarse. La rápida y reiterada evolución de la estrategia de "diversificación de apuestas" observada en nuestros experimentos indica que podría tratarse de una de las soluciones evolutivas más antiguas a la variabilidad del entorno vital, quizás incluso anterior a la evolución de los mecanismos de regulación genética dependientes del ambiente.»
La Pseudomonas fluorescens, cuyo metabolismo es extremadamente flexible, es una bacteria que se encuentra tanto en el suelo como en el agua. Algunas variantes resultan de utilidad para proteger a plantas contra ciertos parásitos y para otras medidas de control biológico. Por otra parte, el cultivo de estas bacterias produce un antibiótico. Asimismo, la P. fluorescens se aplica a la leche para fabricar yogur. Sus células se dividen cada 52 minutos, por lo que resultan muy apropiadas para el estudio de la evolución.
Investigadores portugueses están estudiando proteínas de una bacteria que produce energía al entrar en contacto con residuos sólidos que contengan metales, existentes normalmente en el lodo y en aguas residuales contaminadas. FUENTE | Biotecnologia Portugal Wordpress (15/10/2009) El proyecto está siendo desarrollado conjuntamente por el Massachussets Institute of Technology (MIT), que descubrió las capacidades de los microorganismos y el Instituto de Tecnología Química y Biológica (ITQB-Oeiras, Portugal), encargado de estudiar el funcionamiento a nivel molecular.
De momento los investigadores han descifrado que se trata de una bacteria con un metabolismo semejante al funcionamiento de una pila, en el que transfiere electrones para un electrodo a través de su respiración normal. Cuando descifren exactamente como funciona este microorganismo, los investigadores podrán transferir el conocimiento para un prototipo que produzca energía. En esa fase, estarán aptos a recibir apoyos del sector industrial, como es el caso de Electricidad de Portugal (EDP), particularmente interesada en la aplicación de la biotecnología en zonas de difícil acceso.
FUENTE | Público (06/10/2009) Autor: Anabel Herrera Silvia González-Acinas es investigadora del departamento de Biología Marina y Oceanografía del Instituto de Ciencias del Mar (ICM-CSIC), en Barcelona, y la única española que coordina un equipo de científicos dentro de Tara Oceans, un proyecto de investigación que estudiará el impacto del clima y las actividades humanas sobre la vida en los océanos. Pero no sólo eso. "Gracias a ellas", prosigue, "respiramos, ya que absorben una cantidad bastante importante del CO2 que producimos los humanos". A pesar de su importancia, las bacterias marinas se encuentran prácticamente en el anonimato: sólo se han identificado unas 5.000 especies de los 1.000 millones que algunos científicos mantienen que existen. González-Acinas sostiene que la razón es que hasta hace poco no se disponía de la tecnología necesaria. Además, son microorganismos muy parecidos morfológicamente. "Con un pez es muy fácil distinguir la morfología pero con las bacterias marinas es mucho más complicado. El uso de técnicas moleculares y de secuenciación masiva en microbiología marina es todavía muy reciente, de los años 80, pero creo que en breve este campo experimentará un auténtico boom", añade. 
En los tres años que durará la expedición, más de 100 científicos de áreas como biología, oceanografía, climatología o física pasarán por una embarcación dotada de las tecnologías más avanzadas. A González-Acinas le ha llegado el turno. Su grupo de investigación, TANIT, estudiará la diversidad y la función de las bacterias en los océanos y su sensibilidad al cambio climático. "Nuestro objetivo es determinar la diversidad, la biogeografía y la dinámica de las bacterias marinas, que son un componente vital en la cadena alimentaria del océano, y predecir su capacidad de adaptación en el contexto del cambio climático", explica.
Las bacterias velan por la salud de los ecosistemas marinos, ya que se encuentran en la base de la pirámide junto a otros organismos microscópicos; sin ellas, organismos superiores no podrían sobrevivir.
La identificación y distribución de las especies de bacterias serán de gran ayuda para determinar cómo les afecta el cambio climático. Aunque es difícil de predecir, se cree que el incremento de temperatura y la acidificación el descenso del pH de los océanos puede acabar con la supervivencia de las bacterias. También pueden aparecer nuevas especies invasoras que ocupen la posición de las anteriores. El resultado está aún por llegar.
De momento, González-Acinas, ya a bordo del barco de la expedición, se encargará de recoger muestras de agua de mar con bombas de filtración desde la superficie hasta los 200 metros de profundidad. En total, 3.000 muestras de más de 350 lugares que quedarán registradas en una base de datos central para luego ser distribuidas por los diferentes laboratorios. Cuenta con la colaboración de 21 grupos especializados, que trabajarán simultáneamente para dar un paso más en la secuenciación masiva del ADN de las bacterias marinas.
Un brote reciente del virus de la estomatitis vesicular (VEV) en la región sudoeste de EE.UU. ha interrumpido rodeos y ha llevado a cuarentenas. El VEV es una enfermedad viral que causa brotes esporádicos en dicho país. Barbara Drolet, del Laboratorio de Investigación de Enfermedades Animales Transmitidas por Artrópodos en Laramie, Wyoming, y Justin Derner, de la Estación de la Llanuras Altas para la Investigación de las Praderas en Cheyenne, Wyoming, han mostrado que bajo condiciones de laboratorio, plantas de las tierras de pasto pueden servir como huéspedes de VEV y pasar el virus a los saltamontes pastantes. Para determinar la ventana de oportunidad para la ingestión por los saltamontes del VEV viable de las plantas contaminadas, Drolet y Derner seleccionaron 14 especies de plantas que los saltamontes comen, y expusieron las plantas a VEV en el laboratorio. En el laboratorio, varias especies contuvieron el virus viable hasta 24 horas. Los científicos luego expusieron dos especies de plantas a VEV y se les dieron a los saltamontes 24 horas después. Los saltamontes se infectaron. Estos resultados soportan la hipótesis de que es posible la transmisión de VEV por los saltamontes al ganado y otra vez a los saltamontes. Luego probaron un pesticida usado comúnmente contra los saltamontes y descubrieron que, además de reducir su población, el pesticida desactivó el VEV, reduciendo así la fuente del virus para el ganado y los saltamontes. Aunque el uso de este insecticida requerirá una aprobación adicional por la Agencia de Protección Ambiental de EE.UU., el pesticida podría ayudar a limitar los brotes de VEV. Los resultados de esta investigación han sido publicados recientemente en la revista "Applied and Environmental Microbiology" (Microbiología Aplicada y Ambiental). 
Los virus son microorganismos de tamaño pequeño que, como no poseen orgánulos ni sistemas propios que les permitan ser autónomos, necesitan infectar una célula viva para reproducirse. Estructuralmente se caracterizan por tener una cápsula o envoltura externa que rodea a un material genético que contiene la información que va a permitir su multiplicación y, por tanto, la supervivencia del virus. Fuente: consumer (27 de febrero de 2002) Autor: Por JOSÉ JUAN RODRIGUEZ JEREZFecha de publicación: Los virus necesitan células vivas, por lo que no pueden multiplicarse en los alimentos. Éstos actúan como vehículos de partículas víricas para las personas y/o animales. Entonces, ¿de dónde proceden? De los organismos que infectan, ya que cuando una célula se infecta libera cientos o miles de partículas que pasan al medio. Es entonces cuando el agua, algunos productos de la pesca y los vegetales pueden contaminarse, vehiculando la infección a personas sanas. Principales alimentos implicados Como hemos señalado, son las personas infectadas las que van a eliminar, normalmente con sus heces, una gran cantidad de partículas. A partir de aquí, el agua será un primer vehículo de diseminación. Si esta agua contaminada llega al mar, los moluscos son los que van a encontrarse con estos microorganismos, diluidos en el agua y en la materia orgánica. Los moluscos se alimentan por filtración, lo que implica una concentración de los virus en niveles importantes. En este tipo de productos la infección vírica que pueden inducir puede deberse al cultivo de dichos animales en aguas contaminadas y su posterior consumo sin tratamiento térmico. Hasta ahora no se han descrito casos de contaminación durante la preparación del producto por parte de personas portadoras. De la misma forma, esta agua puede llegar a los vegetales mediante aguas de riego contaminadas o mediante los fertilizantes orgánicos. En estos casos, el vegetal no concentra las partículas sino que las vehicula. El riesgo depende de la capacidad de supervivencia y de la resistencia de las partículas víricas a las condiciones ambientales. En este tipo de producto, sin embargo, sí es frecuente que durante la manipulación y preparación de los vegetales crudos, sobre todo en las ensaladas en las que no suelen aplicarse las condiciones higiénicas adecuadas, los virus se transmitan de las heces al alimento y de aquí a las personas sanas. Los vegetales actúan así como diseminadores, mientras que los moluscos pueden estar contaminados de forma natural. Dentro del grupo de los vegetales, los más implicados suelen ser la lechuga, el tomate, las frambuesas, las fresas y los melones. Se trata de alimentos que se comen crudos y que, o bien son de pequeño tamaño, lo que implica una cierta manipulación durante su recolección, o bien requieren una manipulación importante antes de su consumo. Virus más frecuentes Dentro de las diferentes especies implicadas, el virus de la hepatitis A se describe en un mayor número de casos. Es un virus que se transmite desde personas afectadas, por su materia fecal, hasta el medio. Los alimentos más implicados son los moluscos, tal y como hemos apuntado anteriormente, aunque muchos vegetales también lo están. No obstante, el grupo más frecuentemente descrito en los vegetales es el del virus tipo Norwalk. Son microorganismos entéricos de muy elevada infección que producen una infección gastrointestinal caracterizada por una diarrea muy importante, que desaparece por sí misma en pocos días. Pese a esto, la infección se transmite también de persona a persona, pudiendo afectar a todos los miembros de una familia. Hay que destacar que la resistencia de estos virus es de semanas a meses en la superficie de los vegetales, y no parece muy claro que el empleo de desinfectantes sobre estos productos consiga la eliminación de las partículas. ¿CÓMO SE PUEDEN CONTROLAR? El control de estos virus en los alimentos es realmente complicado. Hay que señalar que el virus de la hepatitis A no cultiva en los medios habituales de laboratorio, lo que complica su estudio. Además, para proceder a su determinación hay que tomar una gran cantidad de muestra, aislando y concentrando las partículas, para proceder a su determinación por técnicas moleculares. Esto actualmente es realmente complejo ya que requiere laboratorios especializados. Por ello, la mejor solución es la aplicación de unas óptimas medidas de higiene de prevención. Si se impide la contaminación fecal, se asegura una buena manipulación, limitando las contaminaciones cruzadas y, sobre todo, se emplean unas medidas de higiene personal rigurosas, lavándose las manos después de ir al baño, se podría limitar la llegada de estos microorganismos a los alimentos y el número de casos asociados a estos agentes. Bibliografía
FUENTE | Público (18/09/2009) Autor: N. D. Cermeño cuestiona un dogma de la biología: que la expansión de cualquier especie la limitan las condiciones del entorno pero también barreras geográficas como montañas, valles o acantilados. Mientras que esto es evidente en la mayoría de especies macroscópicas, cuando el tamaño es menor de un milímetro las cosas no están tan claras. Algunos estudios han argumentado que incluso el plancton que puebla el océano está constreñido por barreras geográficas.
El estudio de Cermeño, junto a Paul Falkowski, de la Universidad de Rutgers (EE.UU.), prueba que no es así. Para ello analizaron las similitudes genéticas entre más de 300 especies de microalgas marinas, desde hace 1,5 millones de años a la actualidad. Las variedades de estos microbios, conocidos como diatomeas, son muy diferentes entre zonas templadas o frías de los océanos. Pero a pesar de las barreras geográficas submarinas, las zonas del Atlántico o el Pacífico con temperaturas similares, pero separadas por miles de kilómetros, comparten hasta el 95% de las variedades. Esto demuestra que no todos los seres vivos responden a las mismas reglas evolutivas, según los autores.
Miguel Vicente Muñoz es el jefe del grupo de control genético del ciclo celular del Centro Nacional de Biotecnología Centro Nacional de Biotecnología Autor: José Miguel Martín Para erradicar las enfermedades infecciosas, entran en acción los antivirales y los antibióticos. Cada vez es más difícil encontrar nuevos antibióticos porque los que eran fácil de encontrar ya se hallaron. “Hoy en día sería impensable encontrar un antibiótico de la misma manera de la que Fleming encontró la penicilina, que fue fruto de una casualidad muy bien informada. Jugó un gran papel la suerte”, avanza Miguel Vicente a modo de introducción sobre el tema que profundizará él mismo en el Foro de Biomedicina, durante la conferencia ‘Búsqueda de nuevas medicinas para combatir las infecciones, una necesidad urgente y difícil’: “Lo que vamos a tratar es cómo encontrar nuevos antibióticos para combatir las bacterias que causan infecciones, que son cada vez más resistentes a los antibióticos que se usan hoy en día”. Las bacterias son las rivales a batir por los antibióticos pero también por los científicos. “Para descubrir nuevos antibióticos hay que trabajar más, hacer más trabajo de investigación previa. Por lo tanto el esfuerzo en investigación no puede ser puntual”, defiende el organizador de este evento científico, que para avalar sus argumentos nos coloca en situación. “Nadie puede decir que financiar el mejor proyecto científico durante tres años tiene garantías de éxito; primero porque no se sabe si ese proyecto va a dar los resultados esperados; segundo, con financiación de tres años, difícilmente se pueden cumplir los objetivos; y tercero, supongamos que ese proyecto consigue los objetivos y se obtiene un nuevo antibiótico, será útil unos años, pero después, pasado un tiempo, ese antibiótico dejará de servir. Necesitas por eso seguir trabajando para descubrir otro antibiótico más y no es sensato interrumpir la financiación necesaria para acometer esta nueva investigación”. Por lo tanto, la investigación básica se antoja necesaria para este científico porque según Vicente, “para conocer los mecanismos por los cuales las bacterias realizan los procesos que les son vitales, se necesita, además de inteligencia, tiempo y dinero, para una vez conocidos en detalle poder atacarlos mejor o con nuevas armas”. Aparte del de la financiación, el principal obstáculo que debe superar los investigadores es el de la resistencia que presentan las bacterias, a los nuevos antibióticos que se van descubriendo. La resistencia a los antibióticos es un hecho que se encuentra en las bacterias que andan por la naturaleza, porque la resistencia es uno de los mecanismos que tienen para establecer un equilibrio en los ambientes naturales para que no predominen unas bacterias sobre otras. “En la Naturaleza, la producción de un antibiótico por un tipo de bacteria limita el crecimiento de las demás, por eso, un determinado ambiente no está invadido por un solo tipo de bacteria, sino que en los ambientes naturales hay un equilibrio que se logra por la producción de un antibiótico por parte de las bacteria que lo producen y la adquisición casi en paralelo de una resistencia por parte de las otras”, explica Miguel Vicente, que nos advierte que cada organismo que produce el antibiótico es resistente al antibiótico porque si no se moriría el mismo. “Con cada antibiótico que se encuentra como producto natural, existen uno o más genes de resistencia asociados. Cuando usamos un antibiótico de forma masiva en la clínica, y cuando lo usamos mal no siguiendo los consejos del médico, lo que hacemos es forzar a los patógenos a que adquieran resistencias. Por eso un antibiótico es un médicamente que empieza a perder utilidad desde el momento en que se comienza a recetar, a diferencia de otros medicamentos como los antihipertensivos, que son efectivos todo el tiempo porque no generan este tipo de problema de reacción por parte del agente causante de la enfermedad”. Precisamente es la vida útil de los antibióticos un hándicap más para los científicos. “Desde la fusión de las grandes farmacéuticas, ha disminuido la prioridad en la investigación de nuevos antibióticos porque son medicamentos que generan un beneficio menor que los medicamentos llamados blockbuster, medicamentos que atacan los síntomas, que han de consumirse a diario y que por tanto generan grandes beneficios. Los antibióticos no son tan rentables porque acaban de raíz con la infección y cuando el enfermo se cura se dejan de tomar”, arguye Vicente. La eficacia de los antibióticos depende de a lo que se enfrente. Hoy en día hay muchos antibióticos pero también hay muchas bacterias resistentes, prácticamente resistentes a todos los antibióticos que se están utilizando: “Incluso a la vancomicina, que es un antibiótico utilizado en los hospitales,y que no está en venta en las farmacias porque se creía el último recurso para enfrentar infecciones resistentes a otros antibióticos. Pues ya hay patógenos que son resistentes a la vancomicina”. Gripe A y Tuberculosis Llegados a este punto de la conversación con Miguel Vicente, la entrevista gira hacia los virus. Y aparece de frente la enfermedad más mediática de los últimos meses: la gripe A, también conocida como la gripe porcina: “La gripe está producida por un virus, no por una bacteria. Son diferentes. Los virus son trocitos de nuestras células que se especializan en fastidiarnos, mientras que las bacterias son células ellas mismas. Han vivido en la tierra antes de que existieran otras formas de vida. Son más sofisticadas”, analiza Vicente, que pronostica que la gripe A afectará a un tercio de la población y que “se pasará tomando una aspirina y un café con leche calentito”. Nada tiene que ver la virulencia de la gripe A con la tuberculosis. “Cada minuto mueren tres personas de tuberculosis”, dice Miguel Vicente recurriendo a las estadísticas, tampoco a las noticias que genera una y otra, no hay más que echarle una mirada a la prensa o mirar los telediarios”. Al contrario de lo que pueda pensar el ciudadano de a pie, ésta es una enfermedad que sí nos afecta. La tuberculosis en fase no activa infecta a una de cada tres personas en el mundo. Igual que la gripe A. “Por fortuna, no todas las tuberculosis se reactivan, pero cuando lo hacen son muy difíciles de tratar. Es un tratamiento de meses, con antibióticos que producen efectos secundarios. El gran problema de la tuberculosis se presenta en las sociedades que tienen menos recursos que nosotros. Es muy difícil llevar un seguimiento de cuatro o seis meses del enfermo en África o en la India. Entonces se generan cepas resistentes, que hay que tratar con otros antibióticos con más efectos secundarios. Por lo que el pronóstico del enfermo va siendo cada vez peor”. Precisamente la conferencia titulada ‘El dilema de la convivencia entre la tuberculosis y el hombre’ pronunciada por el profesor Carlos Martín, de la Universidad de Zaragoza, va a profundizar en esta enfermedad infecciosa. El profesor José Luis Martínez, del CNB CSIC, va a desarrollar el tema de la presencia de resistencias a los antibióticos dentro de las poblaciones de bacterias que se encuentran en los ambientes naturales, mientras que el Dr Jesús Mingorance, del Hospital La Paz, hablará en su conferencia ‘Bajo presión: resistencia a antibióticos en el ámbito hospitalario’ sobre las resistencias a los antibióticos en las bacterias que se encuentran en los hospitales. “El sitio donde más bacterias resistentes hay es en un hospital porque es donde más antibióticos se usan”, recuerda Miguel Vicente. Las conferencias ‘La vacuna heptavalente frente a Streptococcus pneumoniae y su impacto en la resistencia a antibióticos’ pronunciada por Adela de la Campa o ‘La investigación traslacional en enfermedades infecciosas’, entre otras, servirán para establecer un debate útil entre todos los miembros de la comunidad científica, que sirva para descubrir nuevas herramientas con las que erradicar las enfermedades infecciosas. La cita, el 29 de septiembre, en el Foro sobre Biomedicina, que se celebrará en el Centro Nacional de Biotecnología de Madrid.
Fuente: madrimasd.org (14/09/2009)
Los virus son microorganismos de tamaño pequeño que, como no poseen orgánulos ni sistemas propios que les permitan ser autónomos, necesitan infectar una célula viva para reproducirse. Estructuralmente se caracterizan por tener una cápsula o envoltura externa que rodea a un material genético que contiene la información que va a permitir su multiplicación y, por tanto, la supervivencia del virus. Fuente: consumer (27 de febrero de 2002) Autor: Por JOSÉ JUAN RODRIGUEZ JEREZ Los virus necesitan células vivas, por lo que no pueden multiplicarse en los alimentos. Éstos actúan como vehículos de partículas víricas para las personas y/o animales. Entonces, ¿de dónde proceden? De los organismos que infectan, ya que cuando una célula se infecta libera cientos o miles de partículas que pasan al medio. Es entonces cuando el agua, algunos productos de la pesca y los vegetales pueden contaminarse, vehiculando la infección a personas sanas. Principales alimentos implicados Como hemos señalado, son las personas infectadas las que van a eliminar, normalmente con sus heces, una gran cantidad de partículas. A partir de aquí, el agua será un primer vehículo de diseminación. Si esta agua contaminada llega al mar, los moluscos son los que van a encontrarse con estos microorganismos, diluidos en el agua y en la materia orgánica. Los moluscos se alimentan por filtración, lo que implica una concentración de los virus en niveles importantes. En este tipo de productos la infección vírica que pueden inducir puede deberse al cultivo de dichos animales en aguas contaminadas y su posterior consumo sin tratamiento térmico. Hasta ahora no se han descrito casos de contaminación durante la preparación del producto por parte de personas portadoras. De la misma forma, esta agua puede llegar a los vegetales mediante aguas de riego contaminadas o mediante los fertilizantes orgánicos. En estos casos, el vegetal no concentra las partículas sino que las vehicula. El riesgo depende de la capacidad de supervivencia y de la resistencia de las partículas víricas a las condiciones ambientales. En este tipo de producto, sin embargo, sí es frecuente que durante la manipulación y preparación de los vegetales crudos, sobre todo en las ensaladas en las que no suelen aplicarse las condiciones higiénicas adecuadas, los virus se transmitan de las heces al alimento y de aquí a las personas sanas. Los vegetales actúan así como diseminadores, mientras que los moluscos pueden estar contaminados de forma natural. Dentro del grupo de los vegetales, los más implicados suelen ser la lechuga, el tomate, las frambuesas, las fresas y los melones. Se trata de alimentos que se comen crudos y que, o bien son de pequeño tamaño, lo que implica una cierta manipulación durante su recolección, o bien requieren una manipulación importante antes de su consumo. Virus más frecuentes Dentro de las diferentes especies implicadas, el virus de la hepatitis A se describe en un mayor número de casos. Es un virus que se transmite desde personas afectadas, por su materia fecal, hasta el medio. Los alimentos más implicados son los moluscos, tal y como hemos apuntado anteriormente, aunque muchos vegetales también lo están. No obstante, el grupo más frecuentemente descrito en los vegetales es el del virus tipo Norwalk. Son microorganismos entéricos de muy elevada infectividad que producen una infección gastrointestinal caracterizada por una diarrea muy importante, que desaparece por sí misma en pocos días. Pese a esto, la infección se transmite también de persona a persona, pudiendo afectar a todos los miembros de una familia. Hay que destacar que la resistencia de estos virus es de semanas a meses en la superficie de los vegetales, y no parece muy claro que el empleo de desinfectantes sobre estos productos consiga la eliminación de las partículas. ¿CÓMO SE PUEDEN CONTROLAR? El control de estos virus en los alimentos es realmente complicado. Hay que señalar que el virus de la hepatitis A no cultiva en los medios habituales de laboratorio, lo que complica su estudio. Además, para proceder a su determinación hay que tomar una gran cantidad de muestra, aislando y concentrando las partículas, para proceder a su determinación por técnicas moleculares. Esto actualmente es realmente complejo ya que requiere laboratorios especializados. Por ello, la mejor solución es la aplicación de unas óptimas medidas de higiene de prevención. Si se impide la contaminación fecal, se asegura una buena manipulación, limitando las contaminaciones cruzadas y, sobre todo, se emplean unas medidas de higiene personal rigurosas, lavándose las manos después de ir al baño, se podría limitar la llegada de estos microorganismos a los alimentos y el número de casos asociados a estos agentes. Bibliografía
Una pequeñísima bacteria atrapada bajo el hielo de Groenlandia podría albergar la clave sobre formas de vida en otros planetas, según un estudio publicado en la revista International Journal and Systematic and Evolutionary Microbiology. FUENTE | Agencia EFE (16/06/2009) Científicos de la Universidad de Pensilvania han explicado que el microbio Herminiimonas glaciei sobrevivió en estado durmiente bajo los hielos durante 120.000 años en un ambiente similar al de otros planetas.
El grupo encabezado por la bióloga Jennifer Loveland-Curtze revivió la bacteria incubando sus muestras a 2 grados centígrados durante siete meses y luego a 5 grados durante cuatro meses.
H. Glaciei es de 10 a 50 veces más pequeña que la bacteria que causa la gastroenteritis y su tamaño le ayudó a sobrevivir en las venas líquidas que existen entre los cristales del hielo a más de tres kilómetros de profundidad. Además, los científicos consideran que sus diminutas dimensiones le ayudaron a usar sus nutrientes de manera más eficiente y como protección de los depredadores.
Según el estudio, la mayor parte de la vida en la Tierra ha consistido en microorganismos y, por lo tanto, sería razonable pensar que esto mismo ocurre en otros planetas. El análisis de estos microorganismos que sobreviven bajo condiciones extremas en la Tierra puede ofrecer claves acerca de las formas de vida en otros lugares del sistema solar, ha añadido Loveland-Curtze.
La experta ha indicado que esos ambientes extremadamente fríos como la profundidad de los hielos de Groenlandia son los mejores análogos de posibles hábitat extraterrestres. «Las temperaturas excepcionalmente frías pueden preservar las células y los ácidos nucleícos durante millones de años. H. Glaciei es uno de ellos».
FUENTE | ABC Periódico Electrónico S.A. (08/06/2009) Los investigadores describen cómo la variedad Mn32 de 'Brachybacterium' demostró ser muy eficaz para eliminar el manganeso de distintas soluciones. La bacteria no sólo oxidó el manganeso sino que consiguió «comerse» el metal de la solución, convirtiéndose en un potente candidato para el uso de la limpieza biológica de la contaminación.
Además de eliminar el manganeso de su ambiente, la 'Brachybacterium' también absorbió cantidades importantes de zinc y níquel. Todos estos metales se encuentran como contaminantes en aguas y suelos debido a los vertidos de las industrias pesadas como la del acero.
Los óxidos de manganeso pueden producirse industrialmente y se conocen por absorber el zinc y el níquel, pero los óxidos que producen estas bacterias absorben entre dos y tres veces más metal.
Los investigadores, dirigidos por Gejiao Wang, mostraron que la estructura cristalina de los óxidos de manganeso bacterianos es diferente a la de los producidos químicamente y que tienen una mayor superficie que les permite absorber más iones de metal.
Según explica Wang, «la siguiente fase de nuestra investigación es inmovilizar esta variedad bacteriana en un biorreactor para evaluar su capacidad de eliminar manganeso y otros metales pesados en un sistema de este tipo. Si tenemos éxito se podrían desarrollar una vía más eficaz para limpiar los contaminantes de metales pesados».
Fuente: ARS (01/06/2009) Aunque técnicas similares a menudo se usan para detectar varias especies bacterianas, los métodos deben ser alterados para utilización con patógenos específicos. Esto se hace aprovechando de variaciones en la composición biológica de las bacterias diferentes. Ya que se pueden seleccionar anticuerpos que se pegan a varios objetivos específicos, las IMBs cubiertas con anticuerpos se pueden usar para sacar específicamente los patógenos objetivos de otras bacterias inocuas presentes en la mayoría de alimentos. En el Centro de Investigación de la Región Oriental mantenido por el ARS en Wyndmoor, Pensilvania, microbiólogo George Paoli y sus colegas han desarrollado IMBs para capturar Y. pestis. En pruebas preliminares con muestras de leche, la tecnología fue exitosa. ozono21 blogs
El truco de la tecnología IMB es encontrar un anticuerpo que se pega a solamente un objetivo--por ejemplo, un antígeno de Y. pestis.
El grupo está usando métodos genéticos que confían en una prueba común de ADN conocida como la reacción en cadena de la polimerasa, o PCR por sus siglas en inglés. El grupo ha desarrollado métodos basados en la PCR para detectar Y. pestis y diferenciar entre ésta y otras bacterias alimentarias, incluyendo dos especies de Yersinia que son estrechamente relacionadas, Y. enterocolitica e Y. pseudotuberculosis.
Ellos también han desarrollado un método basado en la PCR que se ocupa de los genes relacionados a la virulencia de Y. pestis. Esta prueba podría ser usada para determinar la virulencia de una cepa particular del patógeno y calcular su impacto potencial en la salud pública.
Los científicos actualmente están trabajando para combinar las áreas diferentes de esta investigación para desarrollar un equipo completo de herramientas para la detección de Y. pestis en alimentos, como parte de un enfoque holístico a la seguridad alimentaria.
Intentos de investigación tales como estos aseguran que los consumidores estadounidenses y los profesionales del sector alimentario tengan la tecnología y la información más avanzada para protegerlos contra las amenazas potenciales de patógenos.
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En condiciones de ingravidez como las que se viven en vuelos espaciales la salmonela incrementa su virulencia Una investigación basada en experimentos realizados con salmonela en dos misiones espaciales de la NASA ha puesto de manifiesto elementos clave acerca de los mecanismos de infección de esta enterobacteria. Uno de los objetivos a partir de ahora es aprovechar los resultados para desarrollar nuevas estrategias que permitan combatir toxiinfecciones alimentarias. Fuente: consumer (14 de mayo de 2009) Autor: Por MAITE PELAYO Las estaciones espaciales son el entorno apropiado para someter a los microorganismos a condiciones extremas y observar sus reacciones. A través de estos experimentos se pueden averiguar aspectos sorprendentes acerca de su funcionamiento que nos ayudarán a conocerlos mejor. Además de los ensayos con "Salmonella enteritidis", en la Estación Espacial Internacional (ISS, en sus siglas inglesas) se han llevado a cabo otros estudios con microorganismos comunes como "Pseudomonas aeruginosa" y "Candida albicans", así como otros experimentos destinados a comprobar el efecto de la radiación cósmica en los microorganismos (esporas de diversos hongos y bacilos). Resulta preocupante saber cómo algunas bacterias pueden mutar volviéndose más agresivas en situaciones de ingravidez, especialmente de cara a futuros viajes espaciales de larga duración. Los experimentos con salmonela fueron realizados en los viajes del transbordador espacial de la NASA a la ISS en septiembre de 2006 y marzo de 2008. Los primeros estudios demostraron cómo durante el vuelo espacial dichas bacterias se volvían mucho más virulentas que las cultivadas en la tierra en las mismas condiciones. Sin embargo, no había evidencias de que la bacteria cultivada en el espacio mantuviera esos efectos durante largos periodos a su retorno a la Tierra. El experimento de 2008 confirmó estos resultados y demostró cómo algunos cambios en el entorno de crecimiento de la bacteria controlaban su virulencia. Espacio 'versus' intestino humano El efecto del medio ambiente espacial sobre la bacteria es similar al que recibe cuando se encuentra en la pared intestinal de las personas Las posteriores investigaciones realizadas por científicos del Instituto de Biodiseño de la Universidad de Arizona, en EE.UU., explican por qué la salmonela se muestra más activa y virulenta en el espacio y vuelve a la normalidad al regresar a la Tierra. La respuesta es, según sus responsables, así de sencilla: los viajes espaciales hacen que la salmonela se comporte como si se encontrara en el intestino humano. La razón radica en un fenómeno mecánico llamado "efecto de cizallamiento de un fluido" o fuerza de fricción que se ejerce sobre una superficie al fluir sobre ella. La salmonela tiene la capacidad de sentir la fuerza que el fluido en movimiento ejerce en sus membranas exteriores y que actúa como una señal que le avisa de que se encuentra en el interior de un organismo. Las variaciones de intensidad de esta fuerza hacen que la enterobacteria se comporte de forma distinta, con mayor o menor virulencia. Esta enterobacteria suele entrar en el cuerpo a través de la ingesta de alimentos contaminados. En el centro del tubo que forma el intestino se mezclan los alimentos a medio digerir con los jugos digestivos, con lo que el líquido que se forma en la mezcla tiene un efecto de cizallamiento muy elevado. Sin embargo, cuando la salmonela se aproxima a la pared del intestino, se desliza por los espacios existentes entre las microvellosidades del recubrimiento intestinal. Allí, la célula queda protegida del movimiento del fluido y disminuye de forma drástica el efecto de cizallamiento contra las paredes de la membrana exterior de la bacteria. En este lugar es donde la célula bacteriana puede cruzar desde el intestino hacia el torrente sanguíneo para iniciar la infección. Un bajo efecto de cizallamiento se traduce en una señal de "ahora es el momento de infectar", por lo tanto, tendría sentido para la bacteria que experimenta un bajo efecto de cizallamiento la activación de los genes responsables de aumentar su capacidad infecciosa. Mayor virulencia Basándose en programas informáticos de simulación, estos investigadores han demostrado que el efecto de cizallamiento provocado por el fluido experimentado por las bacterias en el medio ambiente de ingravidez, el ambiente espacial, es similar al que reciben cuando se encuentran en estos pequeños espacios de la pared intestinal. El medio ambiente en el que se hallan en un vuelo espacial es un fluido con un efecto de cizallamiento bajo similar al de las microvellosidades intestinales. Dicho de otro modo, el vuelo espacial es capaz de engañar la bacteria haciéndole creer que se encuentra en un entorno parecido al del intestino, lo que activa los genes responsables del incremento de su virulencia. Así, este experimento espacial proporcionó a los investigadores la oportunidad de descubrir que una fuerza mecánica conocida como efecto de cizallamiento de un fluido (el movimiento de un fluido cuando éste pasa sobre su superficie) podría tener un efecto determinante en el potencial infeccioso de la salmonela. Durante el estudio, los científicos encontraron que había una diferencia de 167 genes con diferente actividad en las bacterias que habían viajado al espacio comparándolas con las bacterias que no lo habían hecho. Las bacterias espaciales habían alterado sus genes y habían mutado en el espacio volviéndose más agresivas, un efecto que remitía tras un periodo de cultivo en la Tierra. El equipo también identificó un "interruptor maestro" que regula cerca de un tercio de estos genes, una proteína llamada Hfq. La actividad de esta proteína también se vio afectada por las bajas condiciones de cizallamiento en el fluido durante los vuelos espaciales. Ahora que los científicos saben que los genes y las proteínas ayudan a crear este efecto para aumentar la virulencia de la bacteria están trabajando para desarrollar nuevas estrategias y combatir la salmonela y otras enfermedades transmitidas por alimentos. De momento, el equipo de investigadores ya ha encontrado un camino. El crecimiento de la misma cepa de bacterias en un medio de cultivo con altas concentraciones de cinco iones (potasio, cloruros, sulfatos, magnesio, y fosfatos) provoca la inactivación de la virulencia de las bacterias debido a los vuelos espaciales. Muchos de los genes activados por el fluido de bajo cizallamiento en el entorno de los vuelos espaciales están implicados en el transporte de estos iones dentro y fuera de las células, por lo que podría haber una conexión. La investigación sobre este efecto de los iones podría llevar a nuevas formas de utilizar estos iones para evitar las infecciones de salmonela. VIAJES ESPACIALES Y SEGURIDAD ALIMENTARIA Es de vital importancia evitar cualquier tipo de contaminación o posible foco de infección en los viajes espaciales, incluidos los alimentos. Todos los productos destinados a la alimentación de los astronautas han sido sometidos a rigurosos procesos que garanticen la seguridad de su consumo. El inicio del sistema APPCC (análisis de peligros y puntos de control críticos) en la industria alimentaria se produce en los años 60, cuando una empresa, Pillsbury, tuvo que garantizar la elaboración de alimentos completamente seguros para el ejército estadounidense y para la NASA, la agencia aerospacial de EE.UU. Ya entonces era evidente que el control de calidad por análisis de producto final no conseguía alcanzar los objetivos. Gracias a la colaboración establecida entre la citada compañía y el Gobierno estadounidense se puso a punto el nuevo sistema.
FUENTE | El Mundo Digital (18/05/2009) Autor: Cristina G. Lucio Este virus, que habitualmente no provoca síntomas graves aunque puede desencadenar trastornos como la mononucleosis, suele permanecer latente en el organismo tras primera la infección y es capaz de resurgir cuando el sistema inmune se deteriora.
"La infección por citomegalovirus es muy común y se había asociado con las enfermedades cardiovasculares [...] Sin embargo, no se habían definido los mecanismos que intervienen en esta relación", explican los autores de este trabajo, aún preliminar, que se publica en la revista de acceso público 'PLoS Pathogens'.
Con la idea de despejar esta incógnita, estos investigadores pusieron en marcha varios análisis 'in vivo' e 'in vitro'.
Por un lado, analizaron la evolución de 48 ratones que fueron divididos en cuatro grupos. Parte de ellos fueron infectados con el virus, otros recibieron una dieta rica en colesterol y el resto recibió distintas combinaciones de estas dos medidas.
Después de seis semanas, los investigadores midieron la tensión de los animales a través de un catéter especial que introdujeron en sus carótidas.
Los resultados pusieron de manifiesto que la infección con el virus provocaba, por sí misma, un incremento significativo en los niveles de presión arterial de los ratones. Pero, además, los investigadores comprobaron que, gran parte de los ejemplares que habían sido infectados y que, además, habían seguido una dieta rica en colesterol, presentaban más placas de ateroma en las arterias que el resto.
Ni los animales que sólo fueron infectados ni los que únicamente recibieron la citada dieta presentaron esta complicación.
A través de un estudio 'in vitro', los investigadores también comprobaron que la infección era capaz de inducir la expresión de una enzima conocida como renina y una proteína llamada angiotensina, dos factores cuyo papel en la regulación de la tensión arterial era ya conocido.
RESULTADOS EN HUMANOS
Por último, estos autores quisieron averiguar si los resultados de su trabajo se replicaban también en células humanas, para lo cual utilizaron otro modelo 'in vitro' en el que las muestras fueron infectadas con un citomegalovirus que afecta exclusivamente a humanos. Las conclusiones de este análisis fueron similares a las anteriores y los investigadores mostraron que la infección por citomegalovirus humano de las células endoteliales de los vasos inducía el aumento de la presión.
"Cuando la función inmune está disminuida o debilitada por otras enfermedades, la infección es capaz de exacerbarse en estas células endoteliales", aclara a elmundo.es Jie Lin Zhang, miembro del departamento de Enfermedades Infecciosas del Beth Israel Deaconess Medical Center (Boston, EE.UU.) y uno de los principales autores de la investigación.
Zhang, que confía en que los resultados de su trabajo se confirmen en estudios en humanos, explica que una gran parte de la población podría beneficiarse de este descubrimiento. "Entre el 60 y el 99% de la población mundial tiene una infección por citomegalovirus", remarca.
Su equipo insiste en recordar que su investigación es un primer paso para lograr que una terapia antiviral o una vacuna que pueda ayudar a parte de los hipertensos del mundo. Con todo, estos científicos reconocen que todavía queda mucho camino por recorrer antes de sacar conclusiones definitivas.
Fuente: consumer (Fecha de publicación: 11 de febrero de 2009) El material genético de tres virus oncogénicos (del papiloma humano, de la hepatitis B y de Epstein-Barr) sufre importantes cambios durante la progresión del cáncer. Ésta es la conclusión a la que ha llegado un equipo internacional de científicos liderado por Manel Esteller, director del Programa de Epigenética y Biología del Cáncer del Instituto de Investigación Biomédica de Bellvitge (Barcelona). Estos expertos afirman que esas alteraciones servirían para engañar al sistema inmunitario. Este hallazgo podría tener implicaciones en el desarrollo de nuevos métodos de prevención, diagnóstico y tratamiento de la enfermedad. La mayoría de la población está infectada con el virus de Epstein-Barr y millones de personas lo están con el virus del papiloma humano (VPH) o con el virus de la hepatitis B (VHB). El VPH provoca cáncer de cuello de útero, el VHB está relacionado con el cáncer de hígado y el de Epstein-Barr con cierto tipo de linfomas, indica este trabajo, dirigido por Manel Esteller. Sin embargo, la mayoría de infectados no llega a desarrollar la enfermedad. Entender cómo, en algunos casos, estas infecciones progresan hasta provocar un cáncer es esencial para desarrollar nuevos métodos para atacar los virus y evitar la patología. Metilación del ADN Los científicos elaboraron el mapa completo de la metilación del ADN -un tipo específico de modificación química del material genético- en el genoma de los citados virus. Además, compararon el metiloma (el mapa de la metilación) en portadores asintomáticos de los virus, en pacientes con una infección activa y en otros que estaban desarrollando un cáncer relacionado con los mismos. Los investigadores observaron que la metilación era muy diferente en todos los casos. "Cuando pasamos de los portadores asintomáticos a los estadios intermedios de la enfermedad y de aquí a los enfermos de cáncer, el genoma del virus no cambia demasiado, pero su epigenoma es totalmente diferente", explicó Esteller. Concretamente, los científicos vieron que los genomas de los virus estaban progresivamente más metilados en pacientes que habían desarrollado un cáncer. Los virus se aprovechan así del mecanismo de metilación de las células del organismo para modificar su propio ADN, según Esteller. Tratan de usar esta metilación para burlar al sistema inmunitario y pasar desapercibidos al organismo. "Estos resultados son sorprendentes, y explicarían por qué algunos de estos virus sobreviven durante largos periodos de tiempo en nuestro organismo", apuntó el investigador. Este descubrimiento hará más fácil el estudio, el diagnóstico y el tratamiento de tumores relacionados con esos virus. Además, los cambios observados también podrían estar presentes en otros virus oncogénicos o los que provocan otras enfermedades, desde la gripe hasta el sida. La metilación del ADN podría servir de marcador sobre la progresión de la enfermedad y la aplicación de fármacos que revertieran la misma podría servir para combatir estos mecanismos que permiten a los virus engañar al sistema inmunitario, dijo Esteller.
FUENTE: ABC Periódico Electrónico S.A. (18/03/2009) Autor: José Manuel Nieves Capaces de sobrevivir a esa altura, donde la atmósfera se confunde con el espacio exterior, las tres han demostrado ser extraordinariamente resistentes a la radiación ultravioleta, lo que abre diversas interrogantes sobre su procedencia.
Bautizadas como Janibacter hoylei, Bacillus isronensis y Bacillus aryabhata, los tres organismos fueron recolectados por medio de dieciséis cilindros de acero, esterilizados previamente, que recolectaron muestras de aire a diferentes alturas entre los 20 y los 41 km. y fueron soltados después en paracaídas para ser recogidos y analizados de forma independiente por dos grupos de científicos del Centro de Biología Celular y Molecular de Hyderabad y del Centro Nacional de Biología Celular indio.
Ambos laboratorios llegaron a las mismas conclusiones, y descartaron que las bacterias pudieran proceder de algún tipo de contaminación de los cilindros con organismos terrestres.
DOCE COLONIAS BACTERIANAS DIFERENTES
En total, fueron detectadas doce colonias bacterianas diferentes, nueve de las cuales presentaban más de un 98 por ciento de similitud genética con otras previamente conocidas. Pero tres de esas colonias, llamadas PVAS-1, B3 W22 y B8 W22, resultaron ser completamente nuevas.
Los investigadores al frente del experimento, que fue dirigido por U. R. Rao y P. M. Bhargava, no descartan que las bacterias puedan proceder del espacio exterior aunque, según sus palabras "el presente estudio no puede establecer de forma concluyente el origen extraterrestre de estos microorganismos".
Sin embargo, sí que consideran su descubrimiento lo suficientemente importante como para animar a la comunidad científica internacional a que siga investigando y "continúe el trabajo de exploración sobre el origen de la vida".
FUENTE | El País Digital (10/02/2009) Autor: Mónica L. Ferrado El proceso maligno se inicia en aquellas casos en que el patógeno consigue modificar su propio material genético para burlar a las defensas del organismo, según los resultados de un estudio que publica Genome Research, dirigido por Manel Esteller, director del Programa de Epigenética y Biología del Cáncer del Instituto de Investigación Biomédica (IDIBELL) y del Institut Catalán de Oncología (ICO) e investigador ICREA. Los han recogido en tres grupos de población: personas infectadas pero no sintomáticas, personas que han desarrollado alguna infección o alguna lesión premaligna, y personas que ya han desarrollado un tumor o un cáncer asociado.
Los investigadores han analizado más de 500 muestras de tejidos infectados por los principales virus oncogénicos: el virus del papiloma humano, causa necesaria para la aparición de cáncer de cérvix; el virus de la hepatitis B, relacionado con la aparición del cáncer de hígado; y el virus de Epstein-Barr, causa de algunos tipos de linfoma.
En cada uno de estos tres estadios, el material genético del virus sufre importantes cambios en su epigenoma. Es decir, en el patrón de señales químicas -una especie de interruptores- que hace que sus genes (genoma) se expresen o no. La metilación los desactiva, y la acetilación los activa. "Cuando el virus entra en el cuerpo, en los primeros estadios de la infección, se expresa con todos sus genes porque no está metilado. Así el sistema inmune puede detectarlo y eliminarlo", explica Esteller.
Pero poco a poco, el virus consigue burlar al sistema inmune. Conforme la infección avanza a un estado premaligno, los virus van estando más metilados, lo que significa que sus genes van dejando de expresarse y, por lo tanto, al sistema inmune le va costando cada vez más detectarlos y atacarlos, explica Esteller. El virus logra este estado robándole proteínas a la célula huésped. Las utiliza para tejerse un ropaje bioquímico con el que camuflarse del sistema inmune. Sin embargo, no esconde su carga viral, que continúa activa. Cuando el tumor maligno aparece, el virus no sólo ha conseguido camuflarse totalmente, sino que con el expolio genético también ha logrado modificar el comportamiento de la célula y convertirla en cancerígena.
¿Qué hace que estos virus aumenten su capacidad de engaño? Para tener una respuesta precisa aún será necesario investigar más, pero ya hay indicios de que por un lado influyen diferencias genéticas individuales. Y por otro, hay estudios que indican que algunas exposiciones ambientales facilitan la metilación. Es el caso de la exposición al tabaco, a dosis de radiación elevada o los excesos con el sol, explica Esteller. Los malos hábitos no sólo modifican la epigenética del virus, sino que también debilitan el sistema inmunitario y facilitan que el virus penetre mejor en la célula. De hecho, cuando se detecta la presencia del virus de la hepatitis B y C se utilizan fármacos que refuerzan la actividad del sistema inmunitario. En el caso del virus del papiloma (HPV), aún no existe ningún tratamiento efectivo para aniquilarlo, sino que se aconseja extremar los hábitos saludables para que el sistema inmune se defienda de la forma más efectiva y acabe con él, explica Silvia Sanjosé, responsable de la Unidad de Infecciones y cáncer del ICO. En mujeres, el HPV supone un 55 % de los tumores asociados a infecciones.
Según ambos especialistas, conocer la epigenética de estos virus permitirá desarrollar tratamientos que eviten la metilación, es decir, que impidan que el virus robe a su célula huésped proteínas para engañar al sistema inmune. Esteller cree que estas alteraciones también podrían estar presentes en virus responsables de otras enfermedades, como la gripe y el sida.
Otras investigaciones muestran que no sólo se hereda el genoma, sino también su patrón de activación, el epigenoma. "Creemos que el epigenoma alterado por hábitos tóxicos también podría heredarse", concluye.
Fuente: www.ecoportal.net (23-02-09) Marie-Monique Robin, periodista especializada en agroalimentación. Tengo 48 años. Nací en Gourgé, pueblecito cerca de Poitiers (Francia), en una familia campesina. Soy periodista. Estoy casada y tengo tres hijas (11, 14 y 17 años). ¿Política? No me caso con nadie, mi compromiso es con la gente: por eso pongo mi pluma en la llaga. Soy agnóstica ¿Qué es Monsanto? El gigante de la industria agroquímica que domina el mercado mundial de la alimentación. ¿Cómo logra dominar la alimentación mundial? Domina el mercado mundial de semillas: dominar las semillas es dominar los estómagos, la población mundial. ¿Y cómo se logra dominar las semillas? Modificándolas genéticamente y patentándolas. Antes de 1992 no podían patentarse semillas, y Monsanto logró que Estados Unidos lo permitiese. Hoy tienen mil patentes. ¿Es algo que debería preocuparme? Si te preocupa qué comen tus hijos, sí. Preocúpate por las 80.000 hectáreas cultivadas con maíz transgénico en Catalunya y Aragón: ¿por qué España es el único país de Europa que acepta cultivos transgénicos? ¿No sucede en otros países europeos? Está prohibido. Con razón: carecemos de estudios sobre los efectos en la salud humana y en el medio ambiente de los organismos genéticamente modificados (OGM). ¿Y por qué España no los veta? En el Gobierno de España hay ahora cuatro personas relacionadas con Monsanto. ¿Quiénes? Estoy contrastando los datos y pronto publicaré sus nombres. ¿Ese maíz es un OGM de Monsanto? Sí, se le llama maíz Bt, iniciales de Bacillus thurigiensis:esa bacteria está en el suelo de forma natural y es insecticida. Si se usa en preparados pulverizados es eficaz, y el sol la degrada pronto: resulta inocua para el medio ambiente. Pero los de Monsanto tomaron de la bacteria el gen que produce la toxina, y lo insertaron en el genoma del maíz. Brillante idea: de este modo, ese maíz queda blindado contra los insectos, ¿no? Sí, pero a un coste peligroso: la toxina intoxica no sólo al piral - insecto perjudicial para el maíz-,sino también a los insectos predadores del piral (como la crisopa), y a mariposas, mariquitas, microorganismos del suelo, pájaros insectívoros... ¿Y a mí? ¿Tú comerías insecticida? Pues ese maíz insecticida pasa a harinas, chips, tacos, cereales, sopas, tortas... ¿Por qué cada día hay más alergias? ¡Son sobrerreacciones de nuestro organismo ante algo que no reconoce! Con no comer ese maíz, ¡salvado! No: ese maíz poliniza cultivos de maíz ordinario, contaminándolos, convirtiéndolos también en transgénicos. ¡Extinguirá el maíz natural! Y aunque no ingirieses ese maíz directamente..., se lo dan como forraje a animales que luego tú sí comerás. ¿Debo alarmarme, pues? Mis padres eran campesinos, líderes sindicales agrarios en Francia: adoptar abonos, pesticidas convencidos de que hacían progresar la agricultura. Hoy están arrepentidos: la biodiversidad de variedades hortofrutícolas ha decrecido drásticamente..., y la mayor proporción de cánceres se da entre agricultores. Entonces sí podemos alarmarnos... El herbicida más vendido del mundo se llama Roundup, de Monsanto. Extermina toda la maleza..., pero no es biodegradable, y es promotor de cánceres y perturbador endocrino. ¿Cómo no vamos a padecer cada día más cánceres, diabetes, parkinson y alzheimer? ¡Mis hijas y yo ya no comemos vegetales que no provengan de cultivo biológico! ¿Herbicidas y pesticidas dan cáncer? ¡Nacen bebés con residuos de dioxinas en sus células! Las dioxinas son derivados de síntesis químicas de laboratorio. Llegan a los bebés por lo que comen las madres. Esto ya escalofría. Estamos intoxicándonos. Mire el pan. ¿Qué le pasa? Para que la espiga de trigo produzca más grano, ha sido genéticamente modificada y protegida con ocho pesticidas y varias hormonas... cuyos restos te comes en el pan. ¡Claro que hay cánceres de mama y próstata, y el esperma pierde fertilidad! Siete amigas de mi edad tienen cánceres. Ninguna amiga de mi madre lo tuvo a esta edad. ¿Y por qué no reaccionamos? Porque priorizamos la cantidad, la producción, la viabilidad económica, el negocio, los precios... Pero este sistema acabará también con los pequeños agricultores. ¿Por qué? Compran semillas genéticamente preparadas para ser fumigadas con Roundup, se obligan a comprar remesas nuevas cada año, y son caras. Perdemos miles de variedades tradicionales, y los campesinos acaban en manos de Monsanto, arruinándose muchos. ¿Qué pasará si se mantiene esta tónica? Que Monsanto producirá todas las semillas... y todos los productos fitosanitarios sin los que esas semillas genéticamente modificadas no fructifican (como el Roundup, que le reporta el 30% de sus ingresos): ¡negocio redondo para Monsanto! Si se confirma que algún producto es peligroso, lo retirarán, dándoles tiempo para fabricar otro... hasta que vuelva a demostrarse que es cancerígeno o perturbador hormonal. Y así hasta que acabemos todos estériles y enfermos. Esto es tan tremendo... Cuesta creerle. Tenemos ya el precedente del agente naranja. Empleado como herbicida durante decenios, su uso en la guerra de Vietnam ratificó su toxicidad cancerígena. Así que ha sido retirado. Lo fabricaba Monsanto. ¿Y qué le ha pasado a Monsanto pese a los millones de damnificados? Nada. Cultivos Leer El mundo según Monsanto la multinacional Monsanto-y quienes se desviven por desbaratar los riesgos de ese escenario. Ella magnifica esos riesgos, y la industria agroquímica los minimiza. Monsanto no puede quejarse: el año pasado facturó 8.600 millones de dólares (120 en España) en productos fitosanitarios y semillas genéticamente modificadas. Bravo por sus 17.500 empleados en 46 países, y ojalá no sea a costa de la salud de nadie. TV3 emitirá este año un reportaje facturado por Robin. 