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Caminante de sueños

El Diario. Capítulo 2: La punta del iceberg.

{ 22:39, 13/03/2008 } { Publicado en Relatos } { 7 comentarios } { Link }

Anteriormente en El Diario:

Prólogo: El Baúl.

Capítulo 0: Aparece el diario.

Capítulo 1: El comienzo de todo.

La punta del iceberg.

La luz del sol que se filtraba por la ventana me despertó al día siguiente. Era una espléndida mañana primaveral de domingo, lo que hacía que todos los hechos extraños de los días anteriores parecieran un mal sueño. En esta ocasión, ninguna pesadilla perturbó mis sueños, por lo que me levanté descansado y con energías renovadas. Pensé que lo mejor sería despejar mi mente con un buen desayuno y dando un paseo mientras aprovechaba para comprar el periódico.

Un rato después, me encontraba en la calle de camino al puesto de prensa. Una vez comprado el diario del día, me senté en la mesa de una cafetería y pedí un café con leche y media tostada con mantequilla. Ojeando el periódico mientras saboreaba mi café, pude leer un artículo que llamó mi atención:

“Aumentan los casos sin resolver de personas desaparecidas en el último año.

      Se calcula que cada año desaparecen en el todo el mundo más de 70000 personas. Tan sólo en España, se estiman en más de 12000 las personas sobre las que se está investigando su desaparición. De ellos, más de 7000 son menores de edad”

Entonces recordé lo leído hasta entonces en el diario, y también que, efectivamente, aparecían cada vez más noticias sobre estos temas en los medios, mayoritariamente de niños. Incluso vino a mi memoria un programa de televisión de hace algún tiempo en el que un padre acudía buscando ayuda con desesperación para intentar esclarecer la desaparición de su hija de apenas 16 años y un par de amigas. En este caso, al final aparecieron los cadáveres de las niñas, que habían sido brutalmente torturadas y asesinadas, pero nunca se dio con los responsables, e incluso daba la impresión de que las autoridades no estaban interesadas en resolverlo. Las investigaciones que llevó por su cuenta el padre de aquella niña diferían mucho de las oficiales, y así lo expuso en televisión, sin que jamás se supiese la verdad sobre todo aquello.

Me dí cuenta de que había demasiados casos sin resolver, dejando tras de sí a familias destrozadas presas de la incertidumbre y la desesperación, lo que hizo que deseara saber más sobre la historia que rodeaba al diario y los extraños sucesos, y a la figura de aquél periodista. Terminé de desayunar y volví a casa a continuar leyendo aquel escrito cargado de misterios.

Tras leer varias páginas del diario, donde el periodista mostraba su desesperación al no encontrar datos relativos a desapariciones de personas envueltas en tan extrañas circunstancias como las sufridas por él, por fin, un día anota:

“8 de Marzo

Esta mañana llamó a mi puerta un desconocido. Era un hombre alto y delgado, de piel pálida y rasgos angulosos. Vestía un traje negro y traía una carpeta bajo el brazo. Tal como abrí la puerta, me entregó una hoja de papel y me dijo: ‘Creo que lo que traigo aquí es de su interés’.

¡Increíblemente, en la hoja de papel, dibujada a lápiz se encontraba nada menos que La Marca!

Se presentó como Dulantzi Verategui, estudioso de tradiciones antiguas y civilizaciones desaparecidas, y me dijo que uno de sus colegas le habló de mí, pues al parecer se trataba de uno de los expertos a los que consulté cuando el informe de la policía llegó a mis manos.

‘Esto representa el comienzo de algo. – comentó – Pronto habrá más desapariciones.’”

¿Conoceremos el significado de La Marca?¿Qué sabe el nuevo personaje sobre lo ocurrido?

Continuará...

P. D.: Algunos de los datos mencionados en el presente capítulo son datos reales.

La semana que viene, aprovechando la Semana Santa, escribiré al menos dos capítulos nuevos... ¡Atentos!

Próximo capítulo: El relato de Dulantzi



El Diario. Capítulo 1: El comienzo de todo.

{ 23:32, 18/02/2008 } { Publicado en Relatos } { 5 comentarios } { Link }

Bueno, ante todo pedir disculpas a todos por haberme retrasado tanto en continuar mi relato, pero es que tuve una semana de cabeza. Menos mal que por fin he tenido un huequecito y puedo continuar con la historia. Para que sea más fácil, a partir de ahora en todas las entradas de mi relato incluiré un enlace a los capítulos anteriores

Anteriormente en El Diario:

Prólogo: El Baúl.

Capítulo 0: Aparece el diario.

El comienzo de todo.


El diario recogía la investigación del periodista de un hecho en su pasado que le torturaba día tras día. Al parecer, lo que le llevó a ser periodista de la sección de sucesos fue el querer esclarecer la desaparición de su hermana pequeña cuando ella tenía quince años y él diecisiete. Aquél día, ambos habían discutido, por lo que decidieron regresar a casa por caminos separados en lugar de hacerlo juntos como habitualmente. Sin embargo ella nunca llegó.


Además de la de su hermana, acontecieron varias desapariciones más en las mismas fechas, todas ellas de personas jóvenes, con edades de entre 11 y 15 años. En una de las carpetas del baúl había recortes de periódicos en los que se recogían las noticias del suceso. Jamás aparecieron sus cuerpos, aunque sí algunas pertenencias. En total fueron 8 las personas desaparecidas en un periodo de un año completo.


El sentimiento de culpabilidad por haber discutido con su hermana el día que desapareció se convirtió en una obsesión casi enfermiza por averiguar la verdad, y se prometió a sí mismo que dedicaría toda su vida si resultaba necesario para conseguirlo. Durante algunos años, la búsqueda pareció infructuosa, hasta que un día, finalmente, llegó a sus manos una copia del informe de la policía sobre el caso. Ese mismo día escribió:


“7 de Noviembre


Hoy tengo entre mis manos algo que puede arrojar luz a mi investigación. Nunca imaginé que encontraría datos tan turbadores y extraños en el informe de la policía (ver carpeta 7). Mis manos tiemblan por la excitación del hallazgo. Las peculiaridades del informe hacen que a partir de ahora continúe con fuerzas renovadas.


Querida Cristina, no pararé hasta averiguar que te pasó”


Tras leer esto busqué en el baúl la carpeta que mencionaba en el diario. Efectivamente, allí se encontraba el informe policial. En cuanto lo abrí, llamaron inmediatamente mi atención varios párrafos marcados en rojo, así como varias fotos que se encontraban en la misma carpeta. A parte de los datos que habían aparecido en los periódicos, había muchas otras cosas que se habían mantenido en secreto y que no habían salido a la luz pública por su peculiaridad.


El informe mencionaba que todas las desapariciones habían tenido lugar entre las 6 y las 7 de la tarde, y lo más misterioso de todo, siempre aparecía una extraña marca grabada en el lugar donde quedaban algunos de los objetos personales que se encontraban de los desaparecidos. Parecía representar una especie de estrella de mar de 8 brazos dentro de un octógono, con complicadas formas geométricas en los espacios existentes entre sus diferentes brazos. En el exterior del octógono, escrita con una letra de apariencia arcaica y retorcida, y en una lengua desconocida, se podía leer “n’genain naha n’pheng ni hugtra”. En las fotos de la carpeta se podían ver perfectamente dichas marcas. En unas ocasiones estaban escritas con tiza, y en otras grabadas directamente sobre el pavimento o en la pared con un objeto duro y afilado. Siempre se encontraban en lugares donde no se las pudiera ver fácilmente, de hecho la primera de ellas se encontró de casualidad, en una piedra tras un matorrales, cerca de uno de los zapatos que llevaba el primer desaparecido.


Los intentos por descifrar el significado de lo escrito en marca resultaron infructuosos. Se consultaron a lingüistas y a expertos en lenguas antiguas, pero la única conclusión que se obtuvo fue que no se trataba de ningún lenguaje conocido.


El primero en desaparecer fue un niño de 11 años, y la última, la hermana del periodista. Curiosamente, eran cuatro chicas y cuatro chicos, que formaban parejas de la misma edad si no contamos al primero y la última. Es decir, había un chico de 12 años y una chica de la misma edad, otro chico de 13 y otra chica de 13, y así sucesivamente.


Todas estas cosas hicieron pensar a la policía en la posibilidad de que se tratase de algún tipo de secta o similar, pero no se consiguió encontrar ninguna prueba concluyente a parte de las mencionadas. Finalmente el caso se cerró sin resolver tras tres años de investigación que no llevaron a ningún lado. A parte de las pertenencias aparecidas, al parecer deliberadamente, y de las extrañas marcas, no se encontraron huellas de ningún tipo y tampoco nuevas pistas.


En este punto, decidí volver al diario. Estaba claro que la extraña marca era la clave, y así lo indicaba el periodista en una entrada posterior. Intentó averiguar algo sobre ella las semanas posteriores, buscó en libros, preguntó a catedráticos de universidad y a otros expertos, pero no consiguió nada. Finalmente llegó a la conclusión de que sería más fácil dejar la marca para más adelante y estudiar otros casos de desapariciones de niños que reunieran características similares a los mencionados en el informe.


El cansancio podía ya conmigo, pues eran ya más de las 3 de la madrugada. Aunque tenía pánico a tener otro sueño extraño, me fui a la cama a tratar de descansar y asimilar todo lo acontecido en las últimas horas. Sin embargo, rápidamente me quedé dormido.


To be continue...



El diario. Capítulo 0: Aparece el diario.

{ 20:30, 4/02/2008 } { Publicado en Relatos } { 10 comentarios } { Link }

Aparece el diario.

Tras aquél curioso descubrimiento, lo primero que se pasó por mi cabeza fue probar la llave con el baúl, pues estaba convencido de que con ella conseguiría abrirlo por fin. Me dirigí a casa para hacer la prueba, y nada mas llegar, sin tan siquiera dejar la bufanda y el chaquetón, fuí directo a dónde se encontraba.

Introduje la llave en la cerradura con mi mano temblorosa y, conteniendo la respiración, intenté girarla. Sin embargo, no se movió ni un milímetro. Por más que lo intenté, me resultó imposible abrir la cerradura con ella. Estaba claro que la llave era un elemento importante del rompecabezas, pero no encajaba en aquél hueco. Debía encontrar otra forma de abrir el dichoso baúl.

Me senté en la mesa del comedor y me quedé absorto mirando la llave mientras la sostenía ante mí, pensando dónde podría estar la que realmente abriera aquella cerradura. De repente noté como si la llave ardiera, quemando mis dedos con un calor intenso, lo que me obligó a dejarla caer inmediatamente. Me agaché para intentar recogerla, y cuando la volví a tocar, estaba helada como el hielo. Antes de que me diera cuenta, me sobrevino un terrible cansancio, me desplomé sobre el suelo y mis párpados se cerraron.

De nuevo volví a soñar. Volví a tener un sueño tan extraño como el anterior. Me veía de nuevo rodeado de árboles en la oscuridad de la noche. En el cielo no había luna ni se veían las estrellas, solo unas nubes negra como el carbón, por lo que apenas podía ver nada. De repente ví en la lejanía una fila de luces, por lo que decidí caminar en aquella dirección. Cuando estuve suficientemente cerca, me di cuenta de que eran dos filas de personas que portaban enormes cirios y caminaban ladera arriba. La luz que desprendían las velas me permitía apreciar que llevaban lo que parecían hábitos de monje de color negro, con una capucha que cubría sus cabezas. Entonces recordé las leyendas gallegas y a mi mente llegó un nombre: La Santa Compaña.

Por más que me esforcé en mirarles la cara, no conseguí distinguir nada dentro de aquellas capuchas oscuras. Por si acaso, como recordaba de las leyendas, hice un círculo con el pié en el suelo, dentro de él una cruz, y me situé en su interior. El terror recorría mi cuerpo, pero si lo que decían las historias era cierto, nada me pasaría si no me movía de allí.

En un determinado momento de la larga procesión, aparecieron varias personas con urnas de metal. Todas ellas parecía emanar un brillo azulado que las iluminaba y me permitía apreciarlas claramente. Portaban seis urnas, todas ellas con cerradura y con llave, salvo una. Cuando me fijé un poco más, caí en la cuenta... ¡¡¡Las llaves eran exactamente iguales que la que encontré en la cajita del pozo!!!

En ese momento, la tenebrosa procesión se detuvo, y repentinamente, sentí una presencia justo al lado mía. Me invadió el deseo de huir tan deprisa como pudiera, pero mi cuerpo no se movía. En ese momento vi ante mí a un hombre ataviado con los mismos ropajes que los que desfilaban en la procesión. En esta ocasión sí pude distinguir su rostro. Era un hombre de ojos saltones, piel tan pálida como un muerto, y tan delgado que parecía tener la piel de su rostro directamente pegada al hueso. Sin mediar palabra señaló primero al hombre que llevaba la urna sin llave, luego me miró, y finalmente extendió su brazo y puso en mi mano una llave dorada que era diferente a las de las urnas. Me llenó una sensación de vértigo y todo se volvió oscuridad a mi alrededor.

Al abrir los ojos de nuevo, me encontré en el suelo del comedor, cubierto de sudor y tiritando de frío, todavía mareado por la experiencia. ¿Realmente había sido un sueño? Me giré para incorporarme y, ante mis ojos, allí estaba: la llave dorada.

Cuando miré el reloj me dí cuenta de que habían pasado cuatro horas. Aún aterrado y con la cabeza llena de preguntas me encaminé, como atraido por una fuerza inconmensurable, de nuevo hacia el baúl. ¿Por qué tenía esas visiones? ¿Quién era el hombre extraño que me dió la llave? ¿Quiere que encuentre la urna?

Finalmente, al introducir la llave dorada en la cerradura, el baúl se abrió. Lo que encontré en su interior me llamó tan fuertemente la atención que olvidé por un momento todo lo acontecido minutos antes. Como atrapado por una fuerte hipnosis, mis ojos miraron fijamente su contenido: Carpetas que contenían recortes de periódico y fotos y abundante documentación, varias libretas llenas de apuntes y extrañas inscripciones, una caja de madera con extraños objetos en su interior, varios libros escritos en latín con apariencia de tener varios siglos de antigüedad, algunos otros escritos en lo que parecía una lengua desconocida y, por último, un grueso cuaderno de piel, con apariencia de diario, con el nombre del antiguo dueño de la casa de mi abuela en la portada.

Analizar y entender todo aquello me iba a llevar mucho mucho tiempo, sin embargo, era vital para comprender la naturaleza de los hechos que estaba sufriendo. Sin duda la clave de todo, lo que debía enlazar y darle un significado al contenido del baúl debía ser el diario del periodista.

Así pues, respiré hondo, abrí aquel grueso manuscrito, y comencé a leer...

Continuará...

Espero que os haya gustado  Y esto es sólo el comienzo...



El diario. Prólogo: El baúl.

{ 15:15, 26/01/2008 } { Publicado en Relatos } { 7 comentarios } { Link }

El baúl.

A veces parece mentira cómo algo aparentemente insignificante, como encontrar un viejo baúl en un sótano, puede llegar a cambiarnos la vida e incluso la percepción que tenemos de la misma. Todo comenzó el día que la abuela decidió vender su vieja casa para irse a vivir con una de mis tías, ya que tras la muerte del abuelo se sentía muy sola en una casa tan grande.

Era deseo de mi abuela que guardaran en mi casa las cosas que había en el sótano, pues allí se encontraban todos los recuerdos que tenía de su padre, y al vivir mi tía en un piso, no tenía espacio para ellas. Así pues, decidí alquilar una furgoneta y pasar un día entero haciendo el traslado de allí a mi casa.

Llevaba ya un par de horas empaquetando cosas y preparándolas para llevarlas a la furgoneta cuando, al desplazar un arcón lleno de ropa vieja, me percaté de que detrás había un agujero rectangular en la pared tapado con tablas. ¿Qué demonios hacía aquello allí? Apenas recuperado de la sorpresa, y lleno de curiosidad, decidí averiguar que escondían aquellas tablas.

Afortunadamente, entre las cosas que había en el sótano, había una caja de herramientas, por lo que no tuve problemas para desclavar los tablones. Tras ellos se encontraba un misterioso baúl, cubierto de polvo y con abundantes señales del paso de los años, con la pintura agrietada y óxido en las bisagras. ¿Que se ocultaba con tanto misterio en su interior? En ese momento no me fue posible averiguarlo, pues, aunque era viejo, era robusto y se encontraba cerrado con una llave de la que no disponía.

A pesar de registrar a fondo el sótano, no encontré ninguna llave que coincidiera con la cerradura del baúl, por lo que decidí llevármelo junto al resto de las cosas y preguntarle a la abuela más tarde. Resultó que ella estaba tan sorprendida como yo, ya que ella tampoco conocía la existencia de aquel misterioso baúl. Me comentó, sin embargo, que posiblemente perteneciese al anterior dueño de la casa, un hombre con una oscura historia detrás.

Parece ser que antiguamente, la casa era propiedad de un periodista que escribía en una revista local. Aunque en el pasado había ganado mucho dinero con algunos artículos, lo despidieron y lo perdió todo, juicio incluído. Su familia no tuvo más remedio que vender la casa y él acabó sus días en un psiquiátrico. Probablemente, el único que conocía la existencia del baúl fuera su anterior dueño, por lo que resultaría prácticamente imposible encontrar la llave que abría su cerradura.

De esta manera, regresé a mi casa ese día y dejé el baúl junto a las demás cosas de mi abuela en la buhardilla de mi casa. Me fuí a dormir y decidí pensar qué hacer con él a la mañana siguiente al levantarme.

Aquella noche tuve un extraño sueño. Ví la figura de un hombre, desconocido para mí, que corría con todas sus fuerzas en un bosque en medio de la oscuridad de una noche sin estrellas. Parecía muy asustado, y en sus manos temblorosas transportaba una cajita de metal. Unas sombras que no pude distinguir en un principio le perseguían entre los árboles con ojos brillantes, corriendo sobre cuatro patas. En un determinado momento, aquél hombre asustado llegó a un claro y entonces los ví. Los animales que le perseguían tenían forma canina, pero no eran perros, al menos no de ninguna raza conocida por mí. Tenían un pelo muy negro y erizado, pero sin embargo sus patas estaban completamente desnudas, y mostraban una piel rugosa y gruesa. Sus ojos eran rojizos, y en sus enormes fauces sólo había dientes afilados, como si su dentadura estuviera compuesta sólo por colmillos.

Entonces, el hombre de mi sueño consiguió llegar a un camino muy familiar para mi, para terminar en... ¡¡la casa de la abuela!! Pero aquella casa, aunque era sin duda la misma, parecía encontrarse en mucho mejor estado, como si la hubieran pintado hace poco. A duras penas, llegó al pozo que hay detrás de la casa y tiró dentro la cajita metálica. Curiosamente, ese pozo lleva años seco y tapado con una plancha de metal, pero en el sueño estaba lleno de agua y sin nada encima.

Tras esto, continuó su huida en dirección a la puerta de la casa, pero a apenas cuatro metros de ella, los monstruosos perseguidores que corrían tras él consiguieron darle caza mientras pedía ayuda sin que nadie pudiera escucharle. En ese momento desperté de tan horrible pesadilla con el corazón latiendo a toda velocidad y el cuerpo cubierto de sudor. ¿Cuál era la razón que me había hecho sufrir aquella visión en mis sueños? Aunque eran las 5 de la mañana, ya no pude conciliar el sueño.

Sin duda todo esto debía tener un significado, por lo que no perdía nada por volver y echar un vistazo al viejo pozo. Para ello, me llevé un equipo anticaídas que tenía de mis tiempos de practicar escalada, y una linterna, y me dirigí de camino a la casa.

Al llegar, aparté la plancha de metal de la boca del pozo y apunté en la oscuridad con la linterna, hacia las profundidades del pozo. Después de un rato observando, pude distinguir un leve brillo metálico allá en el fondo, por lo que me dispuse a bajar. Me coloqué el equipo anticaídas, lo enganché con un mosquetón a la boca del pozo y comencé a descender por las barras de metal que están dispuestas en la pared a modo de escaleras. Cuando finalmente llegué al fondo, allí estaba...

Se encontraba bastente oxidada y con la superficie comida por la corrosión de la cal del agua, pero estaba en perfecto estado: Era exactamente la misma cajita que la del sueño. Nada más salir del pozo y quitarme el equipo, la abrí lleno de excitación y dentro encontré una llave (!!!).

¿Qué misterios oculta el baúl? ¿Quién era el hombre del sueño y aquellos extraños animales? ¿La llave de la cajita es la del baúl?

Todo esto y mucho más, en próximas entradas

Así doy por inaugurada mi sección de relatos. Espero que os gusten jejeje




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